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Arte con T

Ángel de la guarda… Buenas noches.

martes, abril 2nd, 2013


A ver cómo digo esto sin que lluevan piedras. Hoy no se celebra, hoy se conmemora. Este día se declaró Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Para mí es una obligación conmemorar, recordar, poner mi corazón junto con el de las familias de los que murieron allá, de los que volvieron (algunos de los cuales conozco, algunos de los cuales son colegas que quiero y respeto, algunos de los cuales han sido pacientes, que he atendido cuando aún eran parias de una sociedad y una gente que eligió no verlos, porque verlos era demasiado doloroso o abochornante -en caso de que hubieran salido a vivar a la Plaza-) y las de aquéllas que, como la mía, vivimos la guerra con miedo, con preocupación, con dolor, con desacuerdo. Las Islas Malvinas son argentinas. Los 650 eran argentinos y también los que regresaron. Y, lamentablemente, las bestias que los mandaron a la guerra y todos los que salieron a festejar, argentinos también. No nos olvidemos de nada.

COSTUMBRES INCLUSIVAS: MIMONA

lunes, abril 1st, 2013

Aprender de las costumbres bellas de los pueblos; esas que se llevan con ellos, hombres y mujeres, cuando tienen que partir. Si tienen DUNAS DEL MAGREB, prepárense unos ricos vasos; si no, prepárense un té a la menta con unas masitas y siéntense a leer la Historia, con el corazón lleno de deseos de Paz.

La Mimona – Nessim Sibony

Mimona (Mimuna, Mimouna, Timimona) es una celebración judía de origen maghrebí, que empieza en la noche del último día de Pésaj y marca el fin de la prohibición de comer pan y otros productos que contienen masa fermentada, prohibidos durante toda la semana de Pésaj. El objetivo central de esta celebración es compartir la experiencia de la hospitalidad, una tradición que fue arraigada profundamente en la cultura africana del norte y que la comunidad marroquí llevó consigo a todos los países a donde, por diversas razones, debió emigar, como Francia, Canadá, Estados Unidos, España y países de América del Sur. Mimona representa, además de una observancia religiosa y redentora, un factor socializante e integrador en el seno de la comunidad judía y también en el marco de la población en general. En la Mimona es costumbre comer dulces y pastas rellenas, y festejar hasta la madrugada, pasando de casa en casa visitando a la familia y a los amigos.

El origen de la fiesta es discutido, pero posiblemente tiene que ver con el nombre Maimon, padre de Maimónides, el gran filosofo judío que murió en la fecha de la Mimona. Otra teoría es que el origen de la palabra deriva del árabe, «mimun», que significa «suerte». También marca el inicio de la primavera, de manera parecida a la fiesta persa-turcomana del Navruz y a la fiesta bereber de Yennayer.
En Israel, la Mimuna se ha popularizado, no sólo entre los judíos marroquíes, sino también entre los judíos orientales y adquirió carácter de fiesta nacional, imponiéndose entre el resto de los judíos. Algunos no marroquíes de Israel, dicen que Mimona “es el festival de la unidad entre las distintas culturas judías, la amistad, la fraternidad y la hospitalidad, un regalo hermoso de los Judíos del Norte de África”

La Noche de la Mimona – Daniel Quintero

Desde hace muchos siglos, los judíos de Marruecos acostumbran celebrar la “Noche de Mimona, Mimuna, Mimouna o Timimona”, denominación que varía de acuerdo a la ciudad en que se desarrolla. Esta antigua celebración se lleva a cabo el 23 Nisán, último día de Pesaj, después del servicio de Minjá, cuando ya en las casas se está permitido introducir el “jametz”, es decir los alimentos con levadura.

Existen diferentes versiones acerca de la etimología con que se designa el término Mimona o Mimuna o Mimouna, cada una de ellas desde un aspecto diferente, aunque todas basadas en un origen religioso:

a) De acuerdo al significado Rabínico, existe relación entre el término Mimuna con “Maaminim” o “Emuná”, es decir “Fe y Creencia” en la futura liberación, en el final del exilio y la llegada del Mesías. Por este motivo en los últimos días de Pesaj se incluye la lectura del cántico que Moisés cantó junto con los judíos liberados al atravesar el Mar Rojo, reafirmando que pronto llegara la redención.

b) Según el aspecto religioso, se percibe una liturgia especial del cierre de Pesaj que incluye textos del Talmud, de Proverbios y de la Mishna, enmarcados en el ritual que le sigue al rezo de la mañana (birkat ha’ilanot – Bendición de los árboles). Este ritual se basa en la tradición talmúdica que recomienda ir al campo en el mes de Nisan, para recitar plegarias en agradecimiento por los árboles y sus frutos

c) En Pesaj el Tribunal Celestial decide cuánto trigo y cuánto alimento crecerá hasta el próximo Pesaj, por lo tanto en esta noche se bendicen todos los alimentos provenientes del trigo y otros cereales para que Dios bendiga estas especies y haya abundancia en el mundo.

d) El día siguiente a la finalización de Pesaj, falleció Rabí Mimón, el padre de Rambam-Maimónides; por este motivo se dice que la Noche de Mimona sería una celebración en su honor.

Algunos autores señalan que esta celebración no tiene orígenes religiosos, sino que se le puede adjudicar una tradición socio-cultural del Norte de África, comparándola con el resto de los festejos populares y costumbres, donde judíos y musulmanes se unen, en un nuevo intento de tolerancia y de reafirmación de su convivencia en común desde tiempos muy remotos.

El último día de Pesaj es Isrú Jag, es decir “día siguiente de las fiestas”, que a los efectos litúrgicos es semifestivo y que los judíos marroquíes conocen como ”Salida de pascua”. Se cree que en este día los cielos están abiertos a todos nuestros rezos.

La festividad de Pesaj y particularmente la noche de Mimona simbolizan la felicidad y la abundancia, augurando una nueva creación del mundo, una renovación. Esencialmente, la Noche de Mimona es un puente entre la gloria y el esplendor de Pesaj y el resto del año.

Mimona en Marruecos

Uno de los motivos del festejo de Mimona es la entrada de jametz nuevamente a la casa, costumbre ésta especialmente de Tánger y Tetuán. Allí, los gentiles vendían, a los habitantes de la judería, ramas de trigo y flores para adornar la casa y también durante el último día de Pesaj elaboraban especialmente la zebda, manteca apenas amarilla y la leche fermentada (aleben), bien frescas para comer esa misma noche.

El procedimiento que realizaban consistía en colocar la leche de vaca en una “chekua” -cacerola- y revolverla constantemente hasta que se formara por un lado la manteca y por otro la leche fermentada. Esta actividad no podía ser realizada, en esos días, por los judíos, por la prohibición de hacer cualquier procedimiento de leudado o fermentación en la semana de la festividad de Pesaj. Se acostumbraba ir a los campos para recoger espigas de trigo verdes y muy tiernas y también granos muy grandes.

La festividad de Mimona comenzaba, básicamente, con la ceremonia familiar de amasar el pan, para lo cual todos los miembros de la familia trataban de estar presentes, una vez finalizada la prohibición de comer jametz.

En la víspera de Mimona, se acostumbraba dejar las puertas de las casa abiertas, de modo tal que todas las personas se sintieran muy bienvenidas y pudieran compartir este evento familiar y comunitario tan especial y tradicional. La costumbre de visitar amigos y familiares se mantiene vigente aun en estos días. La gente suele saludarse con una bendición marroquí tradicional, “Tisado we’ Tirbacho”, una bendición de “abundancia, prosperidad y felicidad”.

La fabricación de una nueva levadura, a partir de la mezcla de harina y agua, que se deja levar durante varios días y que se utilizará en la elaboración de pan, representa la re-creación, un nuevo comienzo, poniendo en escena la necesidad y el deseo del pueblo judío de la Teshuva, “el retorno” puesto en evidencia por la harina leudada.

Al volver del templo, el más anciano de la familia o, en caso que no viviera ninguno de ellos, el padre de la familia bendice a cada uno de los miembros, colocándole su mano izquierda en la cabeza y ofreciéndole con la derecha una hoja de lechuga remojada en miel y luego dándole de beber un trago de leche, precedida de la oración correspondiente.

Las casas se decoran con ramas, flores y plantas, especialmente la atarcha, con flores similares al geranio y a la malvarrosa, especial para adornar y dar buen aroma. Las mesas se tienden de una forma muy especial, con un mantel para la ocasión, generalmente herencia de la familia, y con una variedad de comidas casi exclusiva para este día.
Cada uno de los elementos dispuestos en la mesa para la celebración de Mimona tiene un significado simbólico particular, con un deseo especial, que se resume en “prosperidad y fortuna”:

1) Pescados fresco, como símbolo de fertilidad y “el bien de todos”, colocados en una fuente sobre hojas de lechuga y vegetales (al día siguiente se acostumbra guisar el pescado con habas).
2) Un plato de harina adornada con cinco o siete habas verdes, que simboliza la abundancia.
3) Una bandeja con harina y sobre ella siete monedas de oro y, en su centro, una taza llena de aceite, como señal de buena fortuna.
4) Una fuente con harina y, en medio, un vaso con levadura que servirá al día siguiente para ” levar” el pan de la casa. Se lo identifica con el sustento diario.
5) Jarros de leche -alrededor de ellos están la lechuga y los vegetales-.
6) Espigas de trigo y centeno dispersas en la mesa, simbolizando también lo abundante y la abundancia.
7) Bandejas de fruta: naranjas, manzanas, almendras y nueces, como símbolo de una vida dulce.
8)Potes con miel y con manteca.
9) Vasijas llenas de aceite puro, en las que brillan objetos de oro, plata y joyas, como recuerdo del cruce del Mar Rojo.
10) Zaben -turrón blanco de almendras-.
11) Marozia -pasas fritas adornadas con nueces-.
12) Platos con dulce de pomelo, naranjas y membrillos.
13) Dátiles rellenos con nueces y mazapán.
14) Terit (Mufleta, mofleta, chridsa o mesemmas) que es una masa fina elaborada con harina, agua y aceite, cocida en una cazuela (terrada) y que se sumerge en miel y manteca, como símbolo de bendición y un año dulce.

En el Marruecos antiguo, hasta fines del siglo XIX, se acostumbraba que la mujer dentro de la casa vistiera ropa festiva tradicional, generalmente su traje de berberisca, y las más jóvenes sus mejores vestidos. Recibían a sus invitados con el tradicional té de menta, junto con las mofletas sumergidas en miel y manteca, como así también pasteles de almendras y pasas, mazapán y halvá. Mientras la mujer se quedaba en la casa recibiendo a parientes y amigos, el cabeza de familia hacía su ronda de visitas, costumbre que se mantiene hasta estos días.

Los hombres cantaban cánticos en hebreo, árabe, castellano, bereber y haquetía. Cuando finalizaban sus cantos, las mujeres lanzaban gritos de alegría y proferían el “yu yu” (zgharit) típico para estas ocasiones, a la vez que tomaban en su mano las monedas de oro que estaban en la mesan en la fuente con harinan y se las ofrecían a cada una de las hijas de la familia solteras y casadas , diciéndoles: “Esta moneda es para (nombre), quien durante el año que viene recibirá la Bendición de Dios para su buen mazal –suerte-”.
Una particularidad de la noche de Mimona, también denominada noche del destino y de Mazal-Tov, es que era día preferido para las promesas de matrimonio.
Era una noche de alegría completa. Se cantaba y se bailaba según las costumbres de cada familia, aunque lo común era el cántico tradicional ”Bibaruenya”, canto exclusivo para las bodas.

Al son de esta música tradicional, todos, tanto la familia como sus invitados, se sentaban alrededor de la mesa para disfrutar de las delicias especialmente elaboradas para esta ocasión. Hoy día, en algunas ciudades de Marruecos, la cena incluye el cuscusú (cous-cous) tal como se estilaba hacerlo en Tetuán, con canela y azúcar, espolvoreado con almendras.

Al finalizar la “seudá” (cena festiva), los jóvenes iban a visitar a su familia, tíos, tías, abuelos, primos y, de a poco, ya las familias se iban integrando a una gran fiesta que se instalaba en las calles de la judería, con gran entusiasmo, algarabía y amistad. La fiesta continuaba en esa noche hasta muy tarde y al día siguiente, muy temprano, se retomaba organizando paseos a los parques, al campo y a la playa, especialmente en las ciudades del Norte de Marruecos, donde se almorzaba, se cantaba y se bailaba.

A este día se lo vincula con el día del milagro del cruce del Mar Rojo. También se lo interpreta como una forma de celebrar la renovación, es decir, pasar de la condiciones existentes de una vida cerrada en el Mellah (judería) al contacto con la naturaleza y la libre expresión de apego a la tierra, así como la voluntad de la comunidad de relacionarse e integrarse con el entorno socio-cultural de los musulmanes, con quienes compartían su existencia.

24 DE MARZO ~ SENTARNOS A LA MISMA MESA

domingo, marzo 24th, 2013

Le soldat boit - Chagall 1911-1912

24 DE MARZO. Quiero hoy, además de gritar íntimamente NUNCA MÁS, hacerle pito catalán a la intolerancia. Ayer, en nuestra página de Facebook, alguien me preguntó si yo era «rusa o judía». Soy argentina, descendiente de rusos, de religión judía -además de montones de otras cosas-.
Cuando era chica, mi madre me decía «defendete de mí, defendete de nosotros» y me explicaba que son los padres quienes tienen la obligación y la responsabilidad de darles a los hijos el permiso para ser diferentes, para ser otros, para enojarse con ellos, discutir con ellos y romper con las viejas catedrales.
En Argentina, el 24 de marzo de 1976, comenzó la más tremenda dictadura de nuestra historia. Una de las razones, a mi modo de ver, fue la intolerancia, por parte de quienes se creían «los padres», de que «los hijos» fueran diferentes, pensaran diferente y quisieran romper con viejas estructuras. Tantísimos desaparecieron y fueron torturados por ser argentinos con ideas “raras” y otros, por ser “rusos” (que es el modo en que en nuestro país se nos llama muchas veces a los judíos), tuvieron que soportar, además, el odio antisemita.
En mi NUNCA MÁS de hoy, aceito mi memoria y también me levanto en contra de la intolerancia, la segregación y la discriminación de cualquier tipo. Estamos rayando Pesaj, la celebración de la libertad. Estoy convencida de que no hay libertad posible sin tolerancia, sin diálogo, sin sentarse a la misma mesa a mirarse los ojos mientras se exponen las ideas, sin hermanarnos en nuestras diferencias que son las que nos hacen únicos, irrepetibles, ricos.
Comparto con ustedes un fragmento de un libro de Nilton Bonder y Bernardo Sorj:

SENTADOS A LA MESA
“Desde el ‘tikun’ (reparación, en hebreo) de Jacob, que retorna a la casa de su abuelo y, por lo tanto, no depende de romper con su cultura y sus raíces originales para encontrar su lugar en el mundo, estamos frente al mismo cliché: no podemos dejar de estar sentados a la misma mesa. Por muy distinta que sea nuestra visión del mundo, por muy particular que sea la tierra prometida de cada uno de nosotros, debemos sentamos juntos a la misma mesa. Ese es el mensaje trascendente de la ‘Hagadá de Pesaj’ (texto leído durante la cena) a través de los cuatro hijos que se sientan a la mesa. Es, en verdad, el pacto original que Dios hace con Abraham: «tú, que abandonaste tu tierra, tu cultura y tu familia, tendrás una prole numerosa como las estrellas del cielo, y ellos no harán contigo lo que hiciste con tus ancestros; serán diferentes y osados, mas no tendrán que abandonar su pasado ni su herencia».
Los cuatro hijos distintos sentados a la mesa de Pesaj son cuatro figuras míticas fundamentales. Pero además de estar sentados juntos, ellos tienen una función, la de preguntar. Quien pregunta, cuestiona. Su calificación de hijos en el judaísmo reside en asumir esa postura de cuestionadores. Esta es, finalmente, la generación de los diferentes. No son los nietos que cuestionan. Cuando eso ocurre, no hay mesa. ¡Sólo los hijos pueden cuestionar y seguir sentados a la mesa! Lo mismo sucede cuando el padre llama a sus hijos a su lecho de muerte para exigirles una única fidelidad: que nunca dejen de hablar uno con el otro. Sentarse a la mesa es el pacto. Sobre la mesa están la historia, las creencias, las utopías y las discordias. Es hora, antes de devorarlas, de cuestionarlas.
¿Y quiénes son estos hijos?
El ‘jajam’, el educado que sabe cuestionar a partir del lenguaje y los vericuetos de la tradición; el ‘tam’, el puro que mira la mesa, no por lo que está servido, sino por las relaciones entre los que están sentados en tomo a ella y preguntan sobre la mesa por la perspectiva de las sillas ocupadas; el ‘sheló iodea lishol’, aquel que no comprende el lenguaje de la tradición y cuya pregunta crucial es «¿cómo preguntar sobre esta mesa?»; y, por último, el ‘rasha’, el provocador que cuestiona como si estuviera afuera de la mesa, formulando preguntas que sacuden sus estructuras.
Esos personajes podrían ser vistos como la propia caricatura de sus exageraciones, tan presentes en la gama de personajes judíos. El jajam que sabe preguntar puede transformarse en el ‘nudnik’, el pedante; los puros o ingenuos, tam, pueden ser los hijos ‘shlimazels y shlemils’, los pobrecitos y los que-casi-tuvieron-éxito; los que no saben preguntar se transformarían en ‘shmendriks y shmeguegues’, los incultos y los confusos; mientras que los provocadores, se tornarían ‘jutspeniks’, los atrevidos y ofensivos. Este es, tal vez, el precio que se paga por las intensas relaciones familiares que fijan los roles de sus hijos, asignándoles un único lugar a la mesa. Sus patologías son, al mismo tiempo, fuente de sufrimiento…”

Para cerrar, los invito, les propongo, los aliento a hacer el ejercicio de sentarnos todos juntos a la mesa, a dialogar para crecer, evolucionar y ser LIBRES. En mi caso, preparo la mesa para compartir mi mejor té.

La obra de hoy: The Soldier Drinks (Le soldat boit), 1911–12. Oil on canvas, 43 × 37 1/4 inches (109.2 × 94.6 cm). Solomon R. Guggenheim Museum, New York Solomon R. Guggenheim Founding Collection 49.1211. © 2013 Artists Rights Society (ARS), New York/ADAGP, Paris.

En el cumpleaños de JUAN GRIS, TAZAS DE TÉ (1914)

sábado, marzo 23rd, 2013

Juan Gris, Las tazas de té - 1914

«El Cubismo no es una forma, sino una estética e incluso un estado de ánimo, por lo que es inevitable que esté conectado con cada manifestación del pensamiento contemporáneo. Es posible inventar una técnica, pero no se puede inventar toda la complejidad de un estado de ánimo.»
José Victoriano González-Pérez conocido como Juan Gris, nació en Madrid el 23 de marzo de 1887.
Su forma de entender la pintura se basaba en la prioridad de la idea frente a la imagen del objeto representado. Partía de lo universal para alcanzar lo singular, así la imagen acababa pareciéndose a la idea, que, para él, era la verdadera realidad. Creía que «la pintura es algo más que la copia fiel de un objeto y es necesario construir o interpretar la realidad». Trabajaba la descomposición espacial, el collage y la técnica del papier collé (formas recortadas en papel y pegadas al lienzo).
Murió el 11 de mayo de 1927, con apenas cuarenta años de edad. A pesar de su temprana muerte, ha sido considerado como uno de los grandes maestros del cubismo, junto a Pablo Picasso y Georges Braque.

ABRAZARSE DESPUÉS DEL ÚLTIMO TÉ

martes, enero 15th, 2013

Isoda Koryusai, (fl. 1764-1789) couple embracing after tea and a smoke, artist's seal, Koryu discreetly marked on tobacco pouch, ca. 1770-71 21.2 by 28 cm. Published in Japanese erotic prints: shunga by Harunobu and Koryusai, p. 87.

Tarde, recién termino mi trajín maternal. Los niños regresaron felices del campamento y la casa volvió a llenarse de gritos y risas infantiles (anche de ropas embarradas y de esos visitantes que adoran sus cabellos). Con cada uno en su cama, me preparo un vaso de hermosas Perlas de dragón y les recito, bajito, a ustedes en sus dachas, esta poesía encantadora para ayudarlos a dormirse… o a despertarse.

El hogar y la lámpara de resplandor pequeño (Paul Verlaine)

El hogar y la lámpara de resplandor pequeño;
la frente entre las manos en busca del ensueño;
y los ojos perdidos en los ojos amados;
la hora del té humeante y los libros cerrados;
el dulzor de sentir fenecer la velada,
la adorable fatiga y la espera adorada
de la sombra nupcial y el ensueño amoroso.
¡Oh! ¡Todo esto, mi ensueño lo ha perseguido ansioso,
sin descanso, a través de mil demoras vanas,
impaciente de meses, furioso de semanas!

EL TÉ DE LAS SEIS II

lunes, septiembre 17th, 2012

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Resulta que el otro día, en que publiqué, de manera indiscreta y salvaje, la carta de amor infinito de Bioy a su amante, me quedé tan angustiada por Silvina Ocampo, su esposa, que sentí que para estar en paz conmigo tenía que darle, al menos, el mismo espacio de admiración en esta página. Silvina también tuvo una amante en Alejandra Pizarnik pero esa es otra foto. Es por eso que comparto con ustedes, como desde hace un año, una historia más. Y me guardo el sekret de Alejandra, para la próxima.

CARTA PERDIDA EN UN CAJÓN (Silvina Ocampo)

¿Cuánto tiempo hace que no pienso en otra cosa que en ti, imbécil, que te intercalas entre las líneas del libro que leo, dentro de la música que oigo, en el interior de los objetos que miro? No me parece posible que el revestimiento de mi esqueleto sea igual al tuyo. Sospecho que perteneces a otro planeta, que tu Dios es diferente del mío, que el ángel guardián de tu infancia no se parecía al mío. Como si se tratara de alguien que hubiera entrevisto en la calle, me parece que no nos hemos conocido en la infancia y que aquella época hubiera sido mero sueño. Pensar de la mañana a la noche y de la noche a la mañana en tus ojos, en tu pelo, en tu boca, en tu voz, en esa manera de caminar que tienes, me incapacita para cualquier trabajo. A veces, al oír pronunciar tu nombre mi corazón deja de latir. Imagino las frases que dices, los lugares que frecuentas, los libros que te gustan. En medio de la noche, me despierto con sobresaltos preguntándome: «¿dónde estará esa bestia?» o «¿con quién estará?». A veces, con mis amigos, llevo el diálogo a temas que fatalmente atraen comentarios sobre tu modo de vivir, sobre las particularidades de tu carácter, o bien paso por la puerta de tu casa, perdiendo un tiempo infinito en esperarte para ver a qué horas sales o cómo te has vestido. Ningún amante habrá pensado tanto en su amada como yo en ti. Recuerdo siempre tus manos levemente rojas, y la piel de tus brazos oscura en los pliegues del codo o en el cuello como arena húmeda. «¿Será suciedad?», pienso, esperando con un defecto nuevo lograr la destrucción de tu ser tan despreciable. Podría dibujar tu cara con los ojos cerrados, sin equivocarme en ninguna de sus líneas: me guardaré de hacerlo, pues temo mejorar tus facciones o divinizar la expresión un poco bestial de tus mejillas prominentes. Será una mezquindad de mi parte pero todas mis mezquindades te las debo a ti. Después de nuestra infancia, que transcurrió en un colegio que fue nuestra prisión donde nos veíamos diariamente y dormíamos en el mismo dormitorio, podría enumerar algunos furtivos encuentros: un día en el andén de una estación, otro día en una playa, otro día en un teatro, otro día en la casa de unos amigos. No olvidaré aquel último encuentro, tampoco olvido los otros, pero el último me parece más significativo. Cuando advertí tu presencia en aquella casa perdí por la fracción de un segundo el conocimiento. Tus pies lascivos estaban desnudos. Pretender describir la impresión que me causaron las uñas de tus pies sería como pretender reconstruir el Partenón. Creo, sin embargo, que en la infancia tuve el presentimiento de todo lo que iba a sufrir por ti. Oí a mi madre pronunciar tu nombre cuando entramos a visitar por primera vez aquel colegio donde había en el jardín tantos jacarandás en flor y aquellas dos estatuas sosteniendo globos de luz en cada lado del portón.

—Alba Cristián es hija de una amiga mía. La internarán también aquí. Es de tu edad —dijo mi madre cruelmente.

Sentí un extraño malestar: pensé que era por culpa del colegio donde me iban a internar. Sin embargo, inconscientemente, como esos antiguos anillos que contenían veneno debajo de un camafeo o de una piedra, tu nombre semejante también a un círculo me pareció venenoso. Otro presentimiento me avasalló aquel día del paseo a los lagos de Palermo, cuando nos bajamos a comer la merienda sobre el césped y que Máxima Parisi te enseñó unas tarjetas postales que no quiso enseñarme a mí y que al final de la tarde, comiendo un helado de frambuesa, se recostó sobre tu hombro en el ómnibus que nos llevó de vuelta al colegio. En aquella intimidad que me excluía, sentí la amenaza de otras desventuras. No creas que olvidé la llave misteriosa de tu mesa de luz que hacía sonreír a Máxima Parisi ni aquel atado de cigarrillos americanos que fumaron sin convidarme en la glorieta de los arbustos «cuerpo a tierra», decían ustedes, «como los soldados», en aquel escondite que aborrecí hasta el día de hoy. No creas que olvidé aquel libro pornográfico, ni al gato que bautizaban con un nuevo nombre estrafalario cada día, ¡pobre diablo! Ni aquella suerte de supositorios para perfumar el baño con olor a rosa que disolvían en un vaso de agua y que se pasaban por el pelo y por los brazos. No creas que olvidé la enfermedad de Máxima cuando te colgaste de mi brazo todo el día diciéndome que yo era tu amiga predilecta y que me invitarías a tu casa de campo durante el verano. No me hice ilusiones, además no me inspirabas ninguna simpatía. No aspiré a tu amistad sino para alejarte de otras. En el fondo de mi corazón se retorcía una serpiente semejante a la que hizo que Adán y Eva fueran expulsados del Paraíso.

Sospechaba que mi vida sería una sucesión de fracasos y de abominaciones. No hay niño desdichado que después sea feliz: adulto podrá ilusionarse en algún momento, pero es un error creer que el destino pueda cambiarlo. Podrá tener vocación por la dicha o por la desdicha, por la virtud o por la infamia, por el amor o por el odio. El hombre lleva su cruz desde el principio; hay cruces de madera tosca, de aluminio, de cobre, de plata o de oro, pero todas son cruces. Bien sabes cuál es la mía, pero tal vez no sepas cuál es la tuya, pues no todos los seres son lúcidos, ni capaces de leer el destino en los signos que diariamente ven a su alrededor. ¿Será cruel advertírtelo? Me tiene sin cuidado. No siento por ti la menor lástima. Me molesta que alguien aún crea que somos amigas de infancia. No falta quien me pregunte con tono almibarado y escandalizado a la vez:

—¿No tenés amigos de infancia?

Yo les respondo:

—No me casé con los amigos de infancia. Si ahora tengo poco discernimiento para elegirlos, ¿cómo habrán sido las equivocaciones de mis primeros años? Las amistades de infancia son erróneas, y no se puede ser fiel al error indefinidamente.

Aquel día, en casa de nuestros amigos, al verte, una trémula nube envolvió mi nuca, mi cuerpo se cubrió de escalofríos. Tomé un libro que estaba sobre la mesa y comencé a hojearlo ávidamente: sólo después advertí que el libro se titulaba «Balance de las ventas de animales bovinos». La dueña de casa me ofreció una naranjada horrible «de alfileres» como denominábamos toda bebida que llevaba soda. Bebí de un trago para ocultar el temblor de mi mano; felizmente hacía calor y salí al balcón con el pretexto de tomar fresco y de mirar la vista que abarcaba el Río de la Plata a lo lejos y en primer plano el Monumento de los Españoles que divisado de ese ángulo parecía, más que nunca, un gigantesco postre de bodas o de primera comunión. Sonreí a tu cara de bestia, sonreíste. Vivir así no era vivir. Sentí vértigos, náuseas. Desde aquel séptimo piso contemplé la calle pensando cómo sería mi caída, si me tiraba de esa altura. Un puesto de fruta, cajones de basura al pie de la casa (estarían en huelga los basureros) y una baranda alta me molestaban para imaginar la escena. Traté de concentrarme en esa idea llena de dificultades para serenarme. Tenía el poder, que ahora no tengo, para desdoblarme: conversé con la gente que me rodeó, reí, miré a todos lados con los ojos clavados en el fondo de aquel precipicio con cajones de basura, con frutas y con hombres que pasaban. Todo era menos inmundo que tu cara. «De cuántas músicas, de cuántas personas, de cuántos libros tengo que renegar para no compartir mis gustos contigo», pensé al mirar hacia el interior del departamento a través del vidrio de la ventana. «Quiero mi soledad, la quiero con mil caras impersonales.» Te miré y a través del vidrio que reverberaba tembló tu cara de piraña como en el fondo del agua. Pensé en quien no puedo pensar por causa tuya y en el sortilegio que me envolvía. Estás en mí como esas figuras que ocultan otras más importantes en los cuadros. Un experto puede borrar la figura superpuesta pero ¿dónde está el experto? Necesito dar una explicación a mis actos. Después de haberte saludado con una inusitada amabilidad te invité a tomar té. Aceptaste. Te dije que en mi casa había pintores. Sugeriste felizmente que sería mejor ir a tu casa. En el momento en que prepares el té y lo dejes sobre la mesa fingiré un desmayo. Irás a buscar un vaso de agua que yo te pediré, entonces echaré en la tetera el veneno que traigo en mi cartera. Servirás el té después de un rato. Yo no tomaré el mío, pensé como delirando mientras me hablabas.

No cumplí mi proyecto. Era infantil. Me pareció más atinado usar ese procedimiento para matar a L. Deseché la idea porque la muerte no me pareció un castigo.

—¿Qué te pasa? —me decía L.

La conversación recaía sobre ti. Le decía de ti las peores cosas que pueden decirse de un ser humano. Hablé de suciedad, de mentiras, de deslealtad, de vulgaridad, de pornografía. Inventé cosas atroces que resultaron maravillosas. No sospeché que por primera vez L. se interesaba en tu personalidad, en tu vida, en tu manera de sentir y que todo había nacido de mi imaginación.

Durante el tiempo que dediqué a pensar sólo en ti, a hablar de tus horribles vestimentas, de tu malignidad, de tu falta de asco para meterte en la boca dinero sucio y cosas que encontrabas en el suelo, con mi complicidad, con mis sospechas, con mi odio construí para ustedes ese edificio de amor tan complicado donde viven alejados de mí por mi culpa. Quiero que sepas que debes tu felicidad al ser que más te desdeña y aborrece en el mundo. Una vez que ese ser que te adorna con su envidia y te embellece con su odio desaparezca, tu dicha concluirá con mi vida y la terminación de esta carta. Entonces te internarás en un jardín semejante al del colegio que era nuestra prisión, un jardín engañoso, cuidado por dos estatuas, que tienen dos globos de luz en las manos, para alumbrar tu soledad inextinguible.

Imagen: Старый сад – Natalia Syuzev

EL TÉ DE LAS SEIS

sábado, septiembre 15th, 2012
1- Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares (15/9/1914-8/3/1999)

Elena Garro

Elena Garro (11/12/1920-22/8/1998)

No sé si está bien que, para recordar a Bioy, quien hoy cumpliría 98 años, adjunte una de las cartas de amor, de la abundante correspondencia amorosa que mantuvo con Elena Garro a lo largo de dos décadas (1949-1969). No lo hago por morbo, ni por chismosa -debo admitir que leer correspondencia ajena es algo que siento vuelve a la gente indigna, aunque esa correspondencia haya pasado a ser de dominio público-, sino porque la carta en cuestión, además de conmoverme hasta las lágrimas, me abrió la puerta a una nueva comprensión de Bioy (que ya estaba casado con Silvina Ocampo) y a la esencia femenina de Elena. Mucho sabemos de él.
De ella sólo diré que fue una escritora mexicana, que se casó con Octavio Paz, que sufrió la sombra de su genialidad -aunque no se privó de decirle sin cuidar las palabras todo lo que pensaba de él y de su obra-, tuvo una hija con él y se divorció de él en 1959; en 1968, un año antes de terminar su relación con Bioy y a raíz de la masacre de Tlatelolco, la prensa manipuló sus declaraciones en las que ella supuestamente declaraba contra varios intelectuales mexicanos a los que responsabilizó de instigar a los estudiantes, para luego abandonarlos a su suerte; dichas acusaciones le ocasionaron el rechazo de la comunidad intelectual mexicana, lo que la llevó al exilio durante veinte años; su obra toca temas como la marginación de la mujer, la libertad femenina y la libertad política y su figura literaria ha llegado a ser un símbolo libertario.

No los distraigo más en esto y vamos con la carta:

carta de amor y té
«Mi querida, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y no volví a Víctor Hugo[1]. Sin embargo, te quiero más que a nadie… Desconsolado canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte[2]. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con adoración a Helena[3]. Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz. Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo.
Te digo esto y en seguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía; de todos modos cuando abra el sobre de tu carta (espero, por favor que me escribas) temblaré un poco. Ojalá que no me escribas diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia… Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos… recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te enojes demasiado…
Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades».

[1]Victor Hugo 199, domicilio en París de la familia Paz-Garro.
[2]Bioy llevaba en su equipaje dos recuerdos: un zapato y el pasaporte de Elena. (Después, Garro le pediría que le devolviera el pasaporte).
[3]Helena Paz, hija de la escritora con Octavio.

Espero que esto los anime a ahondar en las vidas de los cuatro escritores en cuestión, releerlos o leerlos por primera vez teniendo en cuenta las fechas de sus obras y vinculándolas con sus estados de ánimo y sus contingencias. Después de todo, la obra de un artista y el modo en que cambia en algo al mundo, es la expresión de lo que pasa en su alma.

Tomemos el té de las seis con ellos. Salud!

8 DE MARZO – DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

jueves, marzo 8th, 2012

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EVGENY BARANOV AND LYDIA VELICHKO BARANOV

A la MUJER, en todas las etapas, en todas las instancias y contingencias. A la niña, la adolescente, la adulta, la anciana. A la hija y a la madre. A la que sale a trabajar afuera y a la que trabaja en casa y a la que cuando vuelve de trabajar afuera, trabaja en casa. A la «doctora» y a la «obrera». A la amada y a la repudiada por sociedades que todavía no crecieron. A la que lucha porque éste sea un mundo mejor, más justo, más equitativo. Salud! Fuerza! y Adelante! Brindo por nosotras con mi mejor té. ♥ Gabriela

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En 1908, 40.000 costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga demandando el derecho de unirse a los sindicatos por mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil.

Durante esa huelga, 129 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York. Los dueños de la fábrica habían encerrado a las trabajadoras para forzarlas a permanecer en el trabajo y no unirse a la huelga.

Conmemoremos.

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