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Categoria: Té y Género | Fecha: marzo 8th, 2016 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

LA REVOLUCIÓN DEL JAZMÍN. REBELIÓN DE LAS TRABAJADORAS DEL TÉ EN LA INDIA

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Marcha de protesta de las trabajadoras del té por salarios más altos y contra la dominación masculina en la política sindical en Munnar, en el sur del estado indio de Kerala. Crédito: K.S. Harikrishnan / IPS

THIRUVANANTHAPURAM, India, 18 nov 2015 (IPS) – Lissie Sunny no era un nombre conocido en India. Pero eso cambió cuando esta mujer, que trabaja desde hace más de 25 años arrancando hojas de té en las laderas montañosas del sur de este país, se cansó y arremetió contra una de las compañías de té más poderosas del mundo.

La delgada Sunny, de 47 años y trabajadora de la localidad de Munnar, en el austral estado de Kerala, realizó junto a 6.000 compañeras más varias manifestaciones por sus derechos y contra la explotación que aseguran haber sufrido durante años.

“En los últimos tiempos hubo una serie de huelgas lideradas por mujeres. Los sindicatos establecidos no tuvieron que ver. La mayoría de estas luchas tuvieron éxito aplicando estrategias de movilización innovadoras y con apoyo externo de los círculos sindicales tradicionales”: K. Sahadevan.

La política sindical nacional, dominada históricamente por dirigentes varones que excluían a las mujeres, estaba a punto de cambiar.

Sunny lideró las semanas de protestas en las plantaciones Kanan Devan Hills, controladas por la empresa trasnacional india Tata, donde las jornaleras no solo enfrentaban la represión ante el creciente malestar por la explotación sufrida sino también la discriminación de género en el sector del té en general.

Sunny ayudó a formar la organización de trabajadoras Unidad de la Mujer, más conocida como Pompilai Orumai (PO), que incluso se presentó a las elecciones locales a principios de este mes y ganó tres escaños. Tras los comicios, la líder fue elegida formalmente como presidenta de PO.

Aunque la extraordinaria rebelión de las mujeres de Munnar inicialmente se dirigió contra la decisión del sindicato de reducir la bonificación anual que reciben las recolectoras de té, la revuelta tiene raíces más profundas.

“Los sindicatos han estado engañando a los trabajadores durante generaciones. Tienen un arreglo mutuo con los jerarcas de la compañía del té. Los dirigentes (sindicales) llevan una vida extravagante. Reciben casas de la compañía en las que viven de manera gratuita. Sus hijos obtienen una buena educación y empleos gracias a los dueños de las plantaciones”, denunció Sunny.

La industria del té, que utiliza mucha mano de obra, es notoria por los salarios bajos y las condiciones de explotación. Los trabajadores reciben menos de 3,50 dólares por jornada de trabajo, que se extiende desde las ocho de la mañana hasta el anochecer.

“Eso es la mitad de lo que recibe un obrero asalariado en Kerala. Las trabajadoras viven en condiciones infrahumanas, duermen en chozas de una sola cama, sin aseos ni otros servicios básicos “, explicó a IPS.

Las trabajadoras acusan a los dirigentes sindicales de ignorar los derechos y beneficios de las mujeres, mientras se aseguran buenos empleos y beneficios financieros para sus familiares y dependientes.

Meenu Ammal, una trabajador analfabeta, afirma que una mafia sindical controla las plantaciones de té y recibe grandes cantidades de dinero de los propietarios.

“La mayoría de los trabajadores varones hacen un mal uso de sus ingresos sin tener en cuenta la educación de los niños y las necesidades médicas de sus familias. Los sindicatos no han hecho nada para impedir que los hombres beban alcohol”, sostuvo.

“Además, los dirigentes siempre se las arreglan para mantener sus puestos de trabajo cuando algunos propietarios abandonaron sus plantaciones tras el colapso de los precios del té hace unos años”, destacó.

Activistas de derechos humanos denominaron a la movilización la “Revolución del Jazmín” – por el té al que se agregan flores de esa planta – en el sector de las plantaciones de India, que todavía padece las secuelas de la época colonial.

Sahadevan, un conocido activista de Kerala, dijo a IPS que se está formando una nueva tendencia entre las mujeres, que reclaman mejores salarios y buscan asegurar otros derechos de las trabajadoras.

“En los últimos tiempos hubo una serie de huelgas lideradas por mujeres. Los sindicatos establecidos no tuvieron que ver. La mayoría de estas luchas tuvieron éxito aplicando estrategias de movilización innovadoras y con apoyo externo de los círculos sindicales tradicionales. Las mujeres están perdiendo la fe en los dirigentes sindicales patrocinados por los partidos políticos”, aseguró.

Los investigadores en estudios de género dicen que la rebelión de las trabajadoras debe estudiarse junto con la condición de la mujer en Kerala, donde los índices de desarrollo, como la alfabetización, son muy altos en comparación con otras partes del país.

Sreelekha Nair, una investigadora de estudios de la mujer en Thiruvananthapuram, opinó que la huelga de las trabajadoras del té es una lucha histórica que debe ser reconocida por su aspecto de género.

“La insurrección es apenas un indicio de la fuerza de trabajo femenina apropiándose de la lucha por sus derechos. Es cierto que existe un espacio en Kerala para que la fuerza de trabajo unida entre en huelga. Este espacio fue creado por la cultura sindical establecida y por una especie de visión progresista hacia los trabajadores”, comentó.

“Y cuando este espacio es reclamado por un grupo (de mujeres), resulta ser un shock para el régimen y los dispositivos existentes que se ocupan de las huelgas. Esa es la razón por la cual… el gobierno tiene que ir a toda marcha para encontrar una manera nueva de lidiar” con el fenómeno, explicó Nair.

Desde Nueva Delhi, los observadores comentan que la inédita rebelión femenina en Munnar ha desconcertado a los sindicatos y a los expertos en gestión de todo el país, y despertó gran interés en los trabajadores del té de los estados de Assam, Bengala Occidental, Tamil Nadu y Karnataka.

Siva Prasad, un experto en leyes laborales, dijo que los sindicatos establecidos en el país son dirigidos por hombres que no velan por las mujeres trabajadoras, estén en sectores sindicalizados o no.

“Los trabajadores no sindicalizados reciben bajos salarios y trabajan en condiciones deplorables. La lección que nos enseña la huelga (de Munnar) es que la lucha unida por los derechos beneficiará a las mujeres en general, y que no será fácil que las trabajadoras sean engañadas por los dirigentes sindicales con respaldo político”, vaticinó.

K. S. Harikrishnan Corresponsal de la agencia de noticias IPS en Kerala, India.
Fuente:
http://www.ipsnoticias.net/2015/11/exitosa-rebelion-de-trabajadoras-del-te-en-india/
Traducción: Álvaro Queiruga

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Categoria: Té Literario - Una historia de amor y oscuridad | Fecha: marzo 1st, 2016 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

TÉ LITERARIO – UNA HISTORIA DE AMOR Y OSCURIDAD – AMÓS OZ

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¡PRIMER TÉ LITERARIO DEL 2016! Buenas noches, amigos queridos, dachas del campo y dachas de la ciudad. Hace tiempo que no nos encontramos, y poder editar una nueva novela para leer con ustedes, mientras sorbemos té, despacito, me hace una gran ilusión.

Esta vez, les propongo una historia verdadera, la historia de la familia de quien escribió esta compleja pieza. Como tantas veces -y como a mí me inspira- es una de migraciones, de adaptación, de atesoramiento de lo ancestral y absorción de lo nuevo, de amor y de dolor, de crecimiento y de pérdida. Es, también, la historia de la creación del Estado de Israel, contada desde una mirada, a mi entender, bastante objetiva, por un escritor que es, entre otras cosas buenas, un pacifista. Y tiene un gancho, además del té: pronto la veremos adaptada para cine, protagonizada y dirigida nada menos que por Natalie Portman, que presenta con ésta su Ópera Prima, rodada en hebreo y en la que la actriz ha trabajado más de diez años.

AMOS OZ (Amos Klausner; Jerusalén, 1939) es un escritor israelí, considerado el mejor prosista en lengua hebrea moderna. Cursó estudios en la universidad de Jerusalén y en Oxford, Inglaterra. Tiene el grado de oficial del ejército israelí y es destacado miembro del movimiento Paz Ahora, que aboga por el entendimiento pacífico entre israelíes y palestinos. Vive en un kibbutz, en el que ha desempeñado las más diversas tareas, entre ellas la de dar clases desde 1957 hasta 1973. Su narrativa trata las inquietudes y la diversidad ideológica de los israelíes de las diferentes tendencias políticas y espirituales que coexisten en su país, así como la tensión y el delicado equilibrio de la sociedad en la que viven, apresada entre el horror del inmediato pasado anterior a la creación del Estado y el presente e interminable conflicto bélico con sus vecinos.
Su estilo es intensamente apasionado, de atmósfera casi febril en ocasiones y, por momentos, profundamente poético. Siempre comprometido con la realidad y sus personajes, subyace en su voz un desencanto que se advierte también en sus artículos periodísticos, en los que se aprecian, en partes iguales, retratos objetivos de la realidad del Medio Oriente y un permanente pesimismo sobre el futuro de la región.

Amor y oscuridad son las dos fuerzas que recorren esta conmovedora autobiografía novelada de Amos Oz, publicada por vez primera en hebreo en 2002. El autor narra su infancia y adolescencia en los años cuarenta y cincuenta, en Jerusalén y en el kibutz de Hulda, marcados por la trágica existencia de sus padres: Yehuda, un estricto bibliotecario, y Fania, una mujer culta, romántica y soñadora. Atrapado entre ellos, el futuro escritor es un niño que soporta sobre sus frágiles hombros la pesada herencia de sus singulares antepasados y asiste atónito a los grandes cambios que marcarán su vida y la de su incipiente nación. La narración de Una historia de amor y oscuridad oscila hacia delante y hacia atrás en el tiempo y refleja más de cien años de historia familiar, cuatro generaciones de soñadores, estudiosos, poetas egocéntricos y ovejas negras, que desde Vilna y Odesa, a través de Polonia y Praga, llegaron a Israel.

Para cerrar el verano, les propongo preparar sus teteras para hacer un viaje en el tiempo e ir leyendo, juntos, cada uno en su dacha, esta maravillosa pieza, analizando los temas que ustedes vayan planteando como más interesantes, una vez concluída. A partir de este viernes, 4 de marzo, todos los viernes publicaré un archivo, en esta página, y, si hay viento a favor, coronaremos el ciclo con un chaepítie, lectura y debate, tal como hicimos con Tolstoy-Anna Karenina, Turguéniev-Aguas de Primavera, Buck-Peonía y Gaskell-Mary Barton. Los espero.

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Categoria: Té Literario ~ Mary Barton | Fecha: noviembre 7th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

MARY BARTON ~ ELIZABETH GASKELL (PDF)

MARY BARTON PORTADA Queridos amigos de esta dacha virtual: debajo iré pegando los enlaces para la lectura de nuestra nueva novela. Prepárense una tetera con su té preferido y disfrútenlos. Recuerden que nos encontraremos para leer las últimas páginas juntos y compartir un bello chaepítie. Que tengan un hermoso fin de semana.
Gabriela

 

 

 

MARY BARTON.PDF -págs 1 a 39-
MARY BARTON.PDF -pags 40 a 59-
MARY BARTON.PDF -pags 60 a 86-
MARY BARTON.PDF -pags 87 a 118-
MARY BARTON.PDF -pags 119 a 154-
MARY BARTON.PDF -pags 155 a 188-
MARY BARTON.PDF -pags 189 a 226-
MARY BARTON.PDF -pags 227 a 258-
MARY BARTON.PDF -pags 259 a 290-
MARY BARTON.PDF -pags 291 a 321-
MARY BARTON.PDF -pags 321 a 338-
MARY BARTON.PDF -pags 339 a 357-
MARY BARTON.PDF -pags 358 a 406-

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Categoria: In-fusión ~la música de DaCha~ | Fecha: octubre 19th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

CONMIGO

“Conmigo” es un chamamé de amor del genial Hugo Fattorusso, aquí bellísimamente interpretado por Luna Monti y Juan Quintero. No habla de té, pero entibia como el té mejor preparado de esta dacha. Y entibia como entibia el amor de las mamás. Prepárense un té, siéntense a tomarlo cerquita de sus madres (y si ya no están, siéntense a tomarlo cerquita de su recuerdo), prestando atención a cada palabra de la letra de esta joya. FELIZ DÍA.

Para escuchar la música, recuerden anular la música de la página, haciendo click donde dice AUDIO OFF, en el margen superior izquierdo de la pantalla.

CONMIGO

Te llevaría, te llevaría, como el viento hacia
la hoja que desprende del parral,
como el zorzal lleva el canto mañanero,
perfumes cambiando el tiempo, los colores y estaciones
como verano e invierno, de contrastradas pasiones.

Te llevaría y cuidaría que las espinas se aparten,
cuando al verte caminar, si te saluda el rosal,
o te refresca la fuente, la paz rodea tu mente,
o alguien te quiera dañar.

Te mentiría, te mentiría si digo que no me importa,
o que por ti no rezaría,
que ningún verso armonioso de mi garganta saldría,
o cuando tuvieras frío mi abrigo te negaría.
Sol aparece de noche, luna encandila de día.

Me moriría. Me moriría,
moriría de dolor si no pudiera ayudarte,
o no tenderte mi mano cuando necesites darme,
esto nunca pasaría, como si un día parase
el calor de tu mirada: ese día, moriría…

Te mentiría, te mentiría si digo que no me importa,
o que por ti no rezaría,
que ningún verso armonioso de mi garganta saldría,
o cuando tuvieras frío mi abrigo te negaría.
Sol aparece de noche, luna encandila de día.

Conseguiría, mi amor, y te traería, los aljibes, manantiales,
costas, oro y estrelladas, cielos, campo y litoral,
como a tus pies el sendero, también luz primaveral,
la que en tu mirada brilla,
y así yo te llevaría, hasta el río de la orilla.

Me moriría. Me moriría,
moriría de dolor si no pudiera ayudarte,
o no tenderte mi mano cuando necesites darme,
esto nunca pasaría, como si un día parase
el calor de tu mirada, ese día, moriría…

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Categoria: Arte con T, Chaepítie - чаепитие - "Tetear" ;-) | Fecha: octubre 18th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

Madre es verbo.

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Ser madre. Tener las espaldas anchas y las manos dadoras. Madres/mujeres trabajadoras, valientes, fuertes frente a la adversidad. Eso se mama. Eso se mamá, porque mamá es verbo, también. Les dejo un collage de mujeres/madres trabajadoras del té, acompañadas por sus pequeños y un poema de Fang Youjiang. Mañana, para mi madre, Kaifeng Imperial, de DaCha, que es su preferido.
QUE TENGAN UN HERMOSO DÍA. Gaby/DaCha R. S.

“En primavera, la planta mágica brota por todo el valle;
cuando llegue el verano, su calidad mermará.
¿Cuántas de ellas son ‘hijas de visita’ en su casa natal?
En rojos vestidos, salen con sus madres a recoger té.”

Nota: “hijas de visita” se refiere a las visitas periódicas que las mujeres casadas hacían a la casa de sus padres. El matrimonio virilocal (la mujer residiendo con la familia de su esposo) era la norma en la China Imperial.

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Categoria: Arte con T, Chaepítie - чаепитие - "Tetear" ;-), Cocinar-té, Historia | Fecha: octubre 3rd, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

COMPARTIR LOS DULCES BESOS: UN BUEN SELLO EN EL LIBRO DE LA VIDA

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Hay días en que deberíamos estar contentos y, sin embargo, las cosas de la vida hacen que estemos un poco tristes. Esos días es lícito tomarse el té con un terrón de azúcar entre los dientes. Entre otras cosas, sólo el intento nos obliga a sonreir Hoy es el Día del Odontólogo y el Día del Perdón y, para mí, un día de duelo, así que quise traducirles parte de un texto de la escritora Miriam Leberstein que me pareció precioso para antes de entrar en el ayuno y el recogimiento absolutos. Aquí va:

“Para muchos judíos de Europa del Este, la celebración de las fiestas estaba ligada a terrones de azúcar y té…Y de hecho, la tradición del té y el azúcar se extiende más allá de los días de fiesta. Al igual que muchos inmigrantes judíos de Europa del Este, mis padres sorbían el té de sus vasos a través de un pedazo de azúcar sostenido entre los dientes. Así que me divirtó bastante encontrar que, en su nueva versión de “Crimen y castigo”, los traductores de Dostoievski, Richard Pevear y Larissa Volokhonsky, consideraran necesario poner una nota al pie de un pasaje que describe a un personaje como ‘chupando el té … a través del azúcar’, explicando esta práctica al resto del mundo de habla Inglesa. Me molestó, sin embargo, que la nota lo caracterizara como una ‘forma de la clase baja o de los pobres’ de tomar la bebida, con el propósito de ahorrar el azúcar. Yo no podría hablar por las otras naciones que se entregan a esta práctica -rusos, rumanos, iraníes, kurdos y azeríes, por nombrar algunos-. Pero, al menos en el caso de los judios, me imaginaba que había más que una simple razón económica detrás del hábito de tomar el té a través del azúcar.

Sin duda, probablemente fue la necesidad el origen del invento. La Tradición judía reconoce que el propio estilo de beber té puede depender de la propia fortuna. Una canción popular en idish pregunta: ‘¿Cómo bebe el zar su té?’ Y responde, ‘Toma un pan de azúcar, le cava un agujero, vierte dentro agua hirviendo, y mezcla y mezcla.’ No hay sorbidos cautelosos a través de un terroncito para los ricos y poderosos. (¿Las papas del zar? Según la misma canción, se disparaban desde un cañón, a través de una pared de mantequilla, directo a su boca.)

Por otro lado, para los realmente pobres, incluso un terroncito de azúcar propio para chupar era un lujo inalcanzable. ‘Éramos tan pobres,’ mi tía Malka me confesaba, ‘que colgábamos un terrón de azúcar sobre la mesa y lo mirábamos mientras nos bebíamos el té solo.’ Yo no entendí esto como una hipérbola hasta años más tarde, cuando escuché una variante irlandesa que describe al plato de papas ‘y punto’, en la que los comensales comen sus papas sin nada más, mientras miran un trocito de tocino suspendido sobre la mesa.

Pero los judíos tienen un talento especial para hacer una virtud de la necesidad -especialmente cuando, como en este caso, la práctica es una virtud en sí misma-. Al igual que muchas otras formas de cocinar que nacen de la escasez, el sabor supera a las opciones más lujosas. Al decir de Pushkin, ‘El éxtasis es un vaso de té y un trozo de azúcar en la boca.’

Entre judíos, sin embargo, la costumbre parece ser más que una cuestión de gusto. Se convirtió en una parte intrínseca de la vida judía de Europa del Este, una realización de la cultura, como el té de la tarde inglés, o la ceremonia del té japonesa. Tal vez, porque el té era tomado en raros momentos de ocio que proporcionaban la ocasión para la reflexión, tal vez, porque a menudo era una actividad compartida que fomentaba la comunicación, que a menudo sirve como conducto para la transmisión explícita o implícita de los valores judíos.

Hay un sinnúmero de historias y recuerdos de la vida judía en el país de origen o en la América inmigrante que incluyen una escena de tomar el té, en general con referencias a los valores judíos bebidos junto con el té. Así, para Alfred Kazin, en ‘Un caminante en la ciudad’, el consumo de té las noches de los viernes en la cocina de Brownsville de su infancia, fue la ocasión para vivas discusiones sobre el socialismo entre una joven prima y sus amigos, por lo que el niño llegó a la conclusión de que ‘el socialismo debía ser un largo shabat alrededor del samovar.’ Rachel Naomi Remen, en ‘Las bendiciones de mi abuelo’, recuerda beber el té, a la tarde, con su abuelo observante, que aprovechaba la ocasión para transmitirle la tradición judía ignorada por sus padres seculares.

¿Qué lección específica puede transmitir el terrón de azúcar? El difunto Joseph Murphy, ex rector de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, una vez contó una historia maravillosa sobre el consumo de té a través del azúcar con su abuelo materno idish-parlante…Queriendo emular al hombre de más edad, el pequeño Joseph, en el regazo de su abuelo, le pidió un pedacito de azúcar. El abuelo lo invitó a compartir la pieza sujetada entre sus propios dientes, y le advirtió no tomar más de la mitad. De esta manera, decía Murphy, le fue enseñada una lección sobre el consumo de té, una lección sobre besar y una lección de yoysher (equidad), todo al mismo tiempo.”

Así que este Iom Kipur, como judía les digo que no se olviden del azúcar en su DaCha antes del ayuno, como dentista les recomiendo cepillarse los dientes azucarados, y como hija, qué les puedo decir del hombre que era capaz de ponerse hasta un pedacito de sacarina en su propia boca con tal de no arruinarme el mate.

Buen fin de semana para todos.
Que seamos sellados en el Libro de la Vida.

Gabriela – DaCha RS

Fotografía: Sasha Martin

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Categoria: Arte con T, Chaepítie - чаепитие - "Tetear" ;-), Historia | Fecha: agosto 6th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

EL TÉ Y LA CLASE OBRERA EN GRAN BRETAÑA (Traducción: Gabriela Chromoy)

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La clase obrera tomaba el té en un contexto cultural diferente al de la burguesía. Miles trabajaban en las fábricas que eran propiedad de -o estaban administradas por- los maridos de las mujeres de clase media que ofrecían “tea parties” en sus casas.

El Té, para la clase obrera, era una sustancia que constituía un descanso del trabajo, un breve tiempo de descanso para socializar con los demás trabajadores y juntar fuerzas para terminar el día. No sólo era un recreo del trabajo, sino que la cafeína y el azúcar del té caliente daban la sensación de haber comido algo. El té hacía que cualquier alimento pareciera una comida caliente, y era bebido en grandes cantidades entre la clase obrera, como antes se bebía cerveza. ¿Por qué este cambio de bebidas alcohólicas tradicionales por té, una bebida que había sido un lujo extranjero durante los dos últimos siglos?

Las clases trabajadoras consumieron té desde el siglo XVIII, como indica un panfleto escrito en 1765 contra el uso de té, ya que creaba mucho gasto para el reino, en el que era “…el lujo común de todas las camareras, costureras y las esposas de los comerciantes, tanto en la ciudad como en el campo…”(Swift 1765: 199). Sin embargo, el té no llegó a estar ampliamente disponible y asequible, para las clases trabajadoras, hasta mediados a finales del siglo XIX.
Por el 1830, el té era un “lujo” necesario para muchos en la clase obrera (Harrison, 1971: 38). Los años 1870 y 1880 marcaron la introducción de té negro barato de Sri Lanka en el mercado de Gran Bretaña. Esto, sumado al aumento en el comercio de las carabelas de té que se inició en las décadas de 1830 y 1840, ayudó a que el precio del té fuera relativamente bajo. A mediados del siglo XIX, un nuevo énfasis en la moralidad dio origen al movimiento popular antialcohólico, y la clase trabajadora necesitó encontrar un sustituto barato del alcohol. El Té barato llegó exactamente en el momento preciso de la historia para ocupar este lugar.

El movimiento antialcohólico tuvo sus inicios en 1791, cuando un grupo de cuáqueros se unió a otros en contra de la esclavitud y se abstuvo del consumo de azúcar y ron, ya que ambas sustancias eran producidas por mano de obra esclava. El movimiento se expandió, incluyendo la abstinencia de todas las bebidas alcohólicas. El té fue elegido como una de las bebidas alternativas al alcohol, posiblemente en relación a la elección previa que Catalina de Braganza hizo del té como sustituto del mismo.

Antes del siglo XVIII, el alcohol era una de las pocas bebidas no contaminadas a disposición de la clase obrera. Las fuentes de agua eran, a menudo, impuras y difíciles de obtener, y la leche no se trataba adecuadamente a fin de evitar el crecimiento de bacterias. A principios del 1800, comenzó el suministro de agua a través de cañerías de agua limpia; el agua llegó, entonces, a mayor número de personas que nunca antes. En 1840, el movimiento antialcohólico se había convertido en un poderoso movimiento de la clase obrera, y si bien había soda y cerveza de jengibre, éstas eran más costosas que el té, por tanto el consumo de té per cápita aumentó considerablemente (Harrison, 1971: 38-100).

En el Siglo XIX, la dieta de la clase obrera era extremadamente mala. Los salarios más altos del siglo XVIII no continuaron en el siguiente, y la desnutrición entre la clase obrera era un gran problema, ya que las principales fuentes de nutrición eran el pan, las papas y el té fuerte. Para 1871 la persona británica promedio consumía cerca de cuatro libras (casi dos kilos) de té en un año (Drummond y Wilbraham 1939: 390).

El consumo de té entre las clases trabajadoras era muy diferente de la compleja serie de etiquetas que rodeaban al té en la burguesía. Había cierto grado de emulación de la burguesía tanto en el cambio de alcohol por té como en el consumo de té sobre otras bebidas disponibles. Sin embargo, la forma en que el té se bebía y el significado que se le daba a su consumo eran completamente diferentes para la clase obrera.

El High Tea (Té cena), que mucha gente confunde con el Afternoon Tea (té de la tarde), tomó el lugar de la cena, cuando no podía accederse a una adecuada comida caliente. El High Tea era una comida familiar que se llevaba a cabo en algún momento entre las 5 y las 7 de la tarde. Era mucho más sustancioso que los pocos sándwiches y pasteles servidos en un Afternoon Tea de la burguesía. Se servían uno o dos pequeños platos calientes junto con carnes frías como pollo, jamón, carnes de caza, ensalada y pasteles o tartas. El Té se convirtió en parte de una comida más grande, esfumándose en un segundo plano al pasar de la mesa al aparador.

Para los miembros de la clase obrera, el té no fue un artículo de lujo, sino una necesidad diaria.

Fuente: Kendra Wilhelm

Obra: Thomas Benjamin Kennington: Chatterboxes

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Categoria: Té Literario ~ Mary Barton | Fecha: agosto 6th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

TÉ LITERARIO – MARY BARTON – ELIZABETH GASKELL

MARY BARTON PORTADA

ÚLTIMO TÉ LITERARIO DEL 2014 – Buenas tardes, dachas queridas. Nos debía un té inglés. Con la historia de Invierno en Kiev, ustedes supieron del paso de mis ancestros por Inglaterra, en su migrar errante que culminó en Argentina (por lo menos hasta esta rama del árbol que soy yo). Mi bisabuela vivió en Londres desde 1890 hasta 1908, en la Historia esto es la última parte de la Segunda Revolución Industrial y también el final de la Era Victoriana, con todo lo que esto implica, bueno y malo. Y entonces, haciendo honor a lo que de ella fue transmitido a través de las generaciones, sobre todo, a través de las mujeres de la familia, elegí para contarles el “té inglés” esta historia, que comenzaré a dejar aquí, a partir del viernes 8 de Agosto.

Quiero que entiendan la elección que hice, desde la cuestión de género y desde mi necesidad de reivindicar una bebida que el imaginario popular tacha de burguesa y aristocrática. Elizabeth Gaskell fue una de las mejores y más críticas escritoras “feministas” de la Inglaterra del Siglo XIX que, proveniendo de la clase media, se atrevió a mostrar la desgracia de la clase trabajadora y de la mujer de la Era Victoriana.
Quiero mostrarles que el té inglés no es, solamente, el Té de la tarde de puntillas y sombreros; que hubo un té inglés más lavado, bebido con algo de azúcar, y preparado con agua hervida como única forma de obtener una bebida no contaminada que no fuera cerveza, acompañado, con suerte, con los únicos bocados del día, antes de irse a dormir, y que era (y, en algunos lugares, todavía es) el té de la clase obrera.

ELIZABETH GLEGHORN STEVENSON (Gaskell de casada) nació en Londres en 1810, hija de un pastor de la Iglesia unitaria inglesa, además de funcionario y periodista. Al fallecer su madre, fue educada por una tía en el pueblecito de Knutsford. En 1832 contrajo matrimonio con William Gaskell, ministro unitario, y la pareja se estableció en Manchester, en aquellos momentos una ciudad superpoblada y socialmente conflictiva, sometida a las secuelas de la Revolución Industrial. El choque que supuso el contacto con esta sociedad quedaría reflejado en varias de sus novelas, especialmente en la primera, Mary Barton (1848), que inmediatamente alcanzó un gran éxito, y Norte y Sur (1855).

Para cerrar el invierno, les propongo preparar sus teteras para hacer un viaje en el tiempo e ir leyendo, juntos, cada uno en su dacha, esta maravillosa pieza, analizando los temas que ustedes vayan planteando como más interesantes, una vez concluída. Todos los viernes publicaré un archivo, en esta página, y coronaremos el ciclo con un chaepítie (o, en este caso, un High Tea), lectura y debate, tal como hicimos con Tolstoy-Anna Karenina, Turguéniev-Aguas de Primavera y Buck-Peonía. Los espero.

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Categoria: Arte con T, Chaepítie - чаепитие - "Tetear" ;-), Historia | Fecha: julio 16th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

El Protocolo del Té: un tapón de estancamiento sobre el progreso de las mujeres.

Un Mundo Femenino: Cómo el Té de la Tarde Definió y Anuló  a las Mujeres de Clase Media de la Era Victoriana. (de Mary E. Hith – Traducción: Gabriela Carina Chromoy)

“La etiqueta era esa regla de conducta que fue reconocida por la sociedad bien educada, y a la que todos los que deseaban ser admitidos en los círculos de moda tuvieron que someterse.” [1]
Las mujeres inglesas de la era victoriana, como sugiere  este consejo  de 1856 del  Manual de Etiqueta para Damas, debían ” prestar especial atención a las normas de etiqueta. Su posición en la sociedad así lo exigía”[2]. Esto era la vida para las mujeres de clase media de la Inglaterra victoriana. La Corrección lo era todo, y nada era más adecuado que una taza de té inglés. Con la ayuda de libros de etiqueta, las mujeres manejaban el hogar a través de rituales como las reuniones de té (tea parties), los días de visita, y la charla de té (tea conversation). Sin embargo, mientras que el ritual del té ayudó a definir y reforzar las expectativas sociales de la mujer de clase media y sus obligaciones domésticas, la costumbre del té también detuvo su progreso.

El té no fue dominio elegido de la mujer; en realidad, su adopción del ritual del té fue el resultado de la subordinación femenina al mundo masculino. El café y el té, como bebidas sociales, se introdujeron en el Reino Unido aproximadamente al mismo tiempo. La primera casa de café se estableció en Oxford en 1654.[3]  Tan sólo diez años después, Catalina de Braganza, la esposa portuguesa del rey Carlos II, presentó nuevamente ante la Corte, al té, que se utilizaba medicinalmente, como una bebida placentera.[4]  Las mujeres, legalmente excluidas de las casas de café, copiaron a la sociedad cortesana, y el té nació como una bebida femenina.[5] Aunque la cultura del té se iría desarrollando durante los siguientes 200 años, la “reunión de té” protocolar nació de las necesidades específicas de la sociedad victoriana.

Llamado así por el reinado de la reina Victoria, la Era Victoriana duró desde 1837 hasta 1901.[6]  La Segunda Revolución Industrial o la Revolución Tecnológica, trajo un cambio rápido a Inglaterra en la segunda mitad del S. XIX.[7] La introducción de fábricas modernas fue el mayor cambio, y dio por resultado un crecimiento de las ciudades y lugares de trabajo cada vez más caótico.[8]  La industrialización, con su creciente economía, también ayudó a aumentar y fortalecer a la clase media.[9]  Desde el comienzo de la era hasta el final, esta clase pasó de ser el quince al veinticinco por ciento de la población.[10] El problema con la clase media era su relativamente nueva posición en una sociedad estrictamente estratificada.[11] Las mujeres, económicamente dependientes del patriarcado, no tenían necesidad de trabajar y podían darse el lujo de tener sirvientes para cuidar de las tareas domésticas.[12] Sin embargo, a diferencia de la clase alta, la clase media no podía permitirse distracciones para ocupar este nuevo tiempo libre.[13]  Aburridas y excluidas de la esfera pública, las mujeres de clase media encontraron un nuevo propósito en el único lugar en el que tenían poder: el hogar. En consecuencia, las mujeres no eligieron totalmente la nueva misión femenina, sino que hicieron todo lo posible para ejercer el poder dentro de los confines de su rol social.

Jane Maria Bowkett - Time for Tea

Jane Maria Bowkett – Time for Tea

A medida que Inglaterra se iba desarrollando durante la Revolución Industrial, también crecía el miedo de que la sociedad, en rápida evolución, pusiera en peligro al sistema patriarcal.[14] Los avances tecnológicos permitieron a las mujeres participar en el trabajo manual junto a los hombres, lo cual era toda una amenaza a los roles de género tradicionales.[15] Con esta cambiante esfera pública, la vida en el hogar era vista como el medio para estabilizar a la sociedad.
El Té, durante mucho tiempo dominio de las mujeres, fue un método utilizado para tal causa. Los hombres escribieron manuales de etiqueta sobre el comportamiento de las mujeres, que incluían a la cultura del té, para dar instrucciones específicas acerca de cómo los hombres pensaban que las mujeres debían comportarse. Los libros estaban exclusivamente destinados a la clase media, ya que las mujeres de clase baja no tenían tiempo para el absurdo de la etiqueta, y la clase alta era adoctrinada desde el nacimiento.[16] La clase media estaba a la vez preocupada por el comportamiento apropiado y fascinada por la vida de la élite, por lo que el manual se convirtió en un elemento básico en toda casa.[17] Los libros contenían todos los aspectos concernientes a la buena hospitalidad y al comportamiento apropiado.

Las Tea Parties (reuniones de té) eran consideradas las actividades menos formales, más amables y agradables de todas las de la casa.[18] Como el manual de etiqueta Hábitos de la Buena Sociedad describía, el “principal encanto residía en que un tea-party podía ser organizado con dos o tres días de anticipación.”[19] A pesar de que las invitaciones de palabra eran aceptables para reuniones más pequeñas con amigos cercanos, las cartas o tarjetas eran la forma apropiada de invitar a una fiesta.[20] Las tarjetas eran exclusivas de la cultura victoriana. Eran utilizadas para expresar la amistad femenina sin mostrar emoción desmedida o desubicación.[21] Para la clase media, las tarjetas eran el medio para acceder a los círculos sociales de élite, al mismo tiempo que descartaban compañías indeseables.[22] Al igual que las invitaciones, las tarjetas listaban de forma clara y simple los detalles de la reunión.[23] La hora del té era de cuatro a siete de la tarde, aunque “uno rara vez se presentaba antes de las cuatro y media.”[24]  Si uno no podía asistir a la reunión, debía enviar una simple tarjeta rechazando cortésmente la invitación.[25] Las notas en respuesta debían ser enviadas únicamente si uno se excusaba de ir.[26] Aunque las reuniones de té eran vistas como asuntos formales menores, como el protocolo de las invitaciones demuestra, estaban montadas de manera estructurada y protocolar. Además de dar a las mujeres algo que hacer, esta ritualización se convirtió en un hábito diario necesario, lo que les hacía más difícil a las mujeres salir de la esfera doméstica.

El Protocolo, en su forma más escrupulosa, se daba en la reunión misma. Un Manual de Etiqueta para Damas decía que la “manera más agradable para tomar el té de la tarde, era a invitar a algunas pocas amigas que se conocieran todas una a la otra.”[27] Estas reuniones pequeñas se llevaban a cabo, por lo general, durante la semana, entre amigas mujeres.[28] Requerían de mínimos preparativos a excepción de “tazas de té extra y pan y manteca.”[29]  Reuniones más grandes, para treinta a cincuenta personas, requerían “café, tortas, galletas, y en verano, hielo y copas claret.”[30] El libro era tan detallado que incluso enseñaba dónde debían ser colocados los refrescos. Las bebidas debían ser servidas en el extremo del comedor, mientras que los camareros asistían la otra parte de la mesa, en donde estaba la comida.[31] Las damas siempre debían sentarse, y los hombres recibían asientos cuando era posible.[32] Cuando hacía buen tiempo, si la anfitriona tenía espacio al aire libre, “una banda debía ubicarse bajo el árbol y los refrigerios debían ser servidos en varias carpas y marquesinas esparcidas por los jardines.”[33]  El libro incluso recomendaba ciertos tipos de porcelana y decoraciones. Las anfitrionas debían armar mesas de dos niveles, platos con proyecciones en forma de abanico, y nunca utilizar manteles blancos.[34] En general, estaban descriptos todos los tipos de eventos con té, dando a las mujeres todas las herramientas para ofrecer la fiesta de té ideal.

Alexander Rossi

Alexander Rossi

Además de las fiestas de té, éste también se consumía en los días de visita de la dama. Una dama reservaba un día por semana para quedarse en casa y recibir visitas.[35] Las mujeres hacían llevar una carta a sus sirvientes hasta la puerta, y si eran recibidas, visitaban a la anfitriona.[36] Una visita nunca debía superar los treinta minutos, el sombrero y el chal debían dejarse colocados, y las mujeres no podían discutir.[37] Para no perder la noción del tiempo, la visita comenzaba con una taza de té y terminaba cuando la taza se vaciaba.[38] Como las fiestas de té, las visitas requerían tiempo y estaban bien estructuradas.[39] Esta exactitud hacía que todos los eventos de té fueran uniformes, independientemente de la anfitriona.[40] La construcción de idénticas vidas hogareñas daba la tranquilidad al hogar de que el comportamiento de las mujeres era correcto y por lo tanto no corrompido por los cambios de la Revolución Industrial.[41] Si bien los manuales describían mucho más que la etiqueta del té, el té se consideraba un capricho decente, y por lo tanto, toda etiqueta relacionada a su consumo era esencial e importante para la preservación de una sociedad correcta.[42] El ritual del té se convirtió en la piedra angular de la construcción de tal sociedad.

Aparte de estabilidad, la mesa de té también daba, a las mujeres de clase media, un espacio para comunicarse. Excluidas de la vida pública, sin necesidad de trabajar pero sin el dinero suficiente para asistir constantemente a entretenimientos formales, las mujeres tenían pocas oportunidades de interactuar y hablar con otros, fuera de la familia. Sin embargo, el arte de la conversación se consideraba “esencial en la alta sociedad.”[43]  Al hacer de la conversación una parte tan importante de la mesa de té, las mujeres eran instruidas en que el hablar era sólo aceptable en esos ámbitos aprobados por la sociedad. Mientras se disfrutaba del té, la conversación era un entretenimiento aceptable.[44]  Antes de la época Victoriana en Inglaterra, la conversación a la mesa de té, era mucho más liberal. Causas sociales, como la abolición, se habían convertido en la misión de la mujer de clase alta.[45] De hecho, la Ley de Abolición de la Esclavitud de 1833 se aprobó con la ayuda de las mujeres.[46] Pero a medida que la clase media crecía y desarrollaba su propia y única cultura del té, la discusión de tales asuntos polémicos se empezó a considerar impertinente. [47] Las verdaderas damas evitaban “el escándalo, el chismerío, y la duplicidad.”[48] Por sobre de todo, las mujeres no debían discutir ninguna cosa que pareciera “de mal gusto a la señora de la casa.”[49] Esto dejaba a la mujer con tan sólo inocentes temas como la literatura o la música.[50] De este modo, entrenadas para hablar sólo acerca de lo que la sociedad aprobaba y cuando la sociedad lo aprobaba, las conversaciones de las mujeres eran muy limitadas.

Aunque las niñas no recibían una educación comparable a la de los varones, las mujeres por lo menos necesitaban un poco de ilustración con el fin de conversar en la buena sociedad. [51] Las jovencitas estudiaban temas no controversiales, como geografía y literatura popular, para poder tener algo que aportar a las conversaciones de la mesa de té.[52] A pesar de estas limitaciones, los libros de etiqueta aún desconfiaban de la educación femenina. Como Un Manual de Etiqueta explicaba, “con el fin de conversar agradable y comprensiblemente, una mujer debe cultivar su intelecto, no con la idea de convertirse en una intelectual o una pedante, sino para dejar una sociedad agradable y provechosa para los demás.”[53] Como el mundo intelectual era el mundo público (de los hombres), se consideraba a las mujeres que se jactaban de inteligentes de sobrepasar los límites de la sociedad.[54] La educación femenina era vista como peligrosa, ya que igualaba a los dos sexos, y daba a las mujeres las herramientas para trabajar junto a los hombres.[55]

Five O’Clock Tea by Julius LeBlanc Stewart

Five O’Clock Tea by Julius LeBlanc Stewart

La razón de este temor era que las fronteras del género eran necesarias para mantener la paz del hogar.[56] Mientras los hombres eran los amos económicos y jurídicos de sus esposas, las mujeres gobernaban el espacio doméstico.[57] En la mesa de té, como describía La Anfitriona y las Invitadas, las mujeres estaban a cargo, ya que “la mesa de té debiera ser atendida por la dueña de casa o sus hijas.”[58] Recibir se consideraba un alto honor y daba a las mujeres una pequeña sensación de poder en un mundo diseñado en contra del avance femenino.[59] Por el contrario, los hombres no participaban en los rituales del té. Después de la cena, mientras que las mujeres tomaban té, los hombres se retiraban a beber oporto y fumar.[60] Esta separación de género era una distinción importante. Como afirmaba La Anfitriona y las Invitadas, “los caballeros no apreciaban las reuniones de té.”[61] El té era territorio de las mujeres, y reforzaba su posición en la esfera privada.

El ritual del té se convirtió, de este modo, en un vehículo para que las mujeres se anclaran a un ciclo perpetuo de regresión. El mundo doméstico daba a las mujeres pequeños poderes con el fin de ocupar su tiempo en la falsa noble causa de una sociedad estable y moral. Las mujeres sostenían este mensaje, enseñando a sus hijas que “nunca es demasiado pronto para que una mujer aprenda que su primer deber social es no ser un estorbo.”[62] Al regular la forma en que todas las mujeres debían recibir, comportarse y comunicarse, la cultura del té era la de la sumisión y el entrampamiento. En consecuencia, el sometimiento de la mujer se convirtió en el resultado de sus propias acciones.

Mientras las mujeres entraban a un ciclo perpetuado por el Protocolo, el origen de la dicotomía equidad-corrección asfixiante, en la Inglaterra Victoriana, fue la sociedad dominada por los hombres. El manual esencial llevó a las mujeres de clase media a regular y restringir sus comportamientos para encajar en lo que los hombres imaginaban como la mujer doméstica ideal. Las reuniones de té y los días de visita, exclusivos de la Inglaterra Victoriana, llevaron a que las mujeres perdieran libertades de manera inconsciente. La limitada charla de la mesa de té ahogaba la expresión de las mujeres y exigía una educación femenina simplificada. Fundamentalmente, el concepto mismo de mujeres que sirven a los demás como anfitrionas perpetuas, las redujo al estatus de siervas dentro de su propia casa. Los libros de etiqueta describen a la Inglaterra Victoriana como un tiempo de gracia y de cultura. Sin embargo, en realidad, esos libros protocolares eran manuales masculinos de instrucciones, que convirtieron a la propia bebida de las mujeres en el medio para mantenerlas subordinadas en un mundo cambiante. El Protocolo del té, con toda su grandeza, debe ser recordado por lo que realmente fue: el tapón de estancamiento sobre el progreso de las mujeres.

An-interesting-letter-1890 Julius LeBlanc Stewart

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[1] A Lady, A Manual of Etiquette For Ladies: OR, The Principles of Politeness (London: T. Allman & Sons, 1856), 3.

[2] Ibid.

[3] Gertrude Thomas. Richer Than Spices: How a Royal Bride’s Dowry Introduced Cane, Lacquer, Cottons, Tea, and Porcelain to England, and So Revolution (New York: Alfred A Knopf, 1965), 25.

[4] Ibid

[5] Ibid

[6] Sally Mitchell, Daily Life In Victorian England (Westport: Greenwood Press, 2009), 2.

[7] Ibid

[8] Ibid, 89

[9] Ibid

[10] Ibid, 20

[11] Ibid, 153

[12] Ibid

[13] Ibid, 146

[14] Julie Fromer. A Necessary Luxury: Tea in Victorian England (Ohio: Ohio University Press, 2008), 13.

[15] Mitchell, Daily Life, 20.

[16] Ibid

[17] Ibid

[18] The Habits of Good Society: A Handbook of Etiquette for Ladies and Gentlemen With Thoughts, Hints, and

Anecdotes (London: Virtue & Co., 1875) , 14.

[19] Ibid

[20] Ibid

[21] Ibid

[22] Mitchell, Daily Life in Victorian England, 162.

[23] Ibid

[24] The Hostess and Guest. A Guide to the Etiquette of Dinners, Suppers, Luncheons, The Precedence of Guests, Ect.Ect. (London: Ward, Lock, and Co., 1878), 53.

[25] The Habits of Good Society, 14.

[26] Ibid

[27] A Lady, A Manual of Etiquette, 51.

[28] Ibid

[29] Ibid

[30] ibid

[31] Ibid

[32] The Habits of Good Society, 14.

[33] A Lady, A Manual of Etiquette, 51.

[34] Ibid, 55

[35] Ibid., 19.

[36] Ibid

[37] Ibid

[38] Ibid

[39] Mitchell, Daily Life, 20.

[40] Ibid., 153.

[41] Ibid

[42] Ibid

[43] A Lady, A Manual of Etiquette, 22.

[44] Mitchell, Daily Life, 21.

[45] William Cowper, A Subject For Conversation and Reflection at the Tea Table (London: s.n., 1788), 2.

[46] Fromer, A Necessary Luxury, 239.

[47] A Lady, A Manual of Etiquette, 23.

[48] Ibid., 22.

[49] Ibid., 19.

[50] Ibid

[51] Mitchell, Daily Life, 21

[52] Ibid

[53] A “blue-stocking” was a derogatory term for an intellectual or literary woman. See Annie Edwards, A Blue-

Stocking (London: s.n., 1877), 2. Similarly, a “pedant” was one who displayed academic learning. See The New Encyclopedia Britannica, s.v. “pedant”. A Lady, A Manual of Etiquette, 24.

[54] Mitchell, Daily Life, 145.

[55] Ibid., 267.

[56] Fromer, A Necessary Luxury, 89.

[57] Mitchell, Daily Life, 146.

[58] The Hostess and Guest, 56.

[59] Ibid

[60] Fromer, A Necessary Luxury, 7.

[61] The Hostess and Guest, 52.

[62] Ibid., 25.

Fuente: Heath, Mary E. (2012) “A Woman’s World: How Afternoon Tea Defined and Hindered Victorian Middle Class Women,” Constructing the Past: Vol. 13: Iss. 1, Article 1. Available at: http://digitalcommons.iwu.edu/constructing/vol13/iss1/1

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Categoria: Arte con T, Chaepítie - чаепитие - "Tetear" ;-), Historia | Fecha: julio 4th, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

High Tea: el Té de la Clase Trabajadora

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GUUUUUUDMOOOORNING! Después de tantos días de ausencia, me meto a la bañera y abro este fin de semana con una obra de la, para mí, revolucionaria Lee Price, que retrató inteligente y magníficamente la difícil relación que tenemos las mujeres con nuestro cuerpo, nuestra imagen, nuestro rol, la comida y la bebida. ¿Por qué? Porque quiero proponerles una novela, también, revolucionaria. Quiero proponerles meternos en La Historia. Sí, otra vez. Pero esta vez, con una historia de las tantas de la Gran Historia que se llamó Revolución Industrial. Elegí, para eso, a Elizabeth Gaskell, una de las mejores y más críticas escritoras “feministas” de la Inglaterra del Siglo XIX. Quiero mostrarles que el té inglés no es, solamente, el faifoclokchí de puntillas y sombreros; que hubo un té inglés más lavado, bebido con algo de azúcar, y preparado con agua hervida como única forma de obtener una bebida no contaminada que no fuera cerveza, acompañado, con suerte, con los únicos bocados del día, antes de irse a dormir, y que era (y, en algunos lugares, todavía es) el té de la clase trabajadora. La novela es “MARY BARTON”, y nos va a contar muchas, muchísimas cosas que, les aseguro, nos van a conmover hasta las tripas. Comenzaremos, si me acompañan, luego de las Vacaciones de Invierno de los chicos. Mismo formato: Té literario, en entregas, con final feliz ya veremos dónde.
“…Pero estoy seguro de esto: cuando Dios concede una bendición, ésta siempre lleva implícito un deber; y el deber de quienes son felices es ayudar a los que sufren a sobrellevar su aflicción.”

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