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Categoria: Arte con T, Chaepítie - чаепитие - "Tetear" ;-), Cocinar-té, Historia | Fecha: octubre 3rd, 2014 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

COMPARTIR LOS DULCES BESOS: UN BUEN SELLO EN EL LIBRO DE LA VIDA

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Hay días en que deberíamos estar contentos y, sin embargo, las cosas de la vida hacen que estemos un poco tristes. Esos días es lícito tomarse el té con un terrón de azúcar entre los dientes. Entre otras cosas, sólo el intento nos obliga a sonreir Hoy es el Día del Odontólogo y el Día del Perdón y, para mí, un día de duelo, así que quise traducirles parte de un texto de la escritora Miriam Leberstein que me pareció precioso para antes de entrar en el ayuno y el recogimiento absolutos. Aquí va:

«Para muchos judíos de Europa del Este, la celebración de las fiestas estaba ligada a terrones de azúcar y té…Y de hecho, la tradición del té y el azúcar se extiende más allá de los días de fiesta. Al igual que muchos inmigrantes judíos de Europa del Este, mis padres sorbían el té de sus vasos a través de un pedazo de azúcar sostenido entre los dientes. Así que me divirtó bastante encontrar que, en su nueva versión de «Crimen y castigo», los traductores de Dostoievski, Richard Pevear y Larissa Volokhonsky, consideraran necesario poner una nota al pie de un pasaje que describe a un personaje como ‘chupando el té … a través del azúcar’, explicando esta práctica al resto del mundo de habla Inglesa. Me molestó, sin embargo, que la nota lo caracterizara como una ‘forma de la clase baja o de los pobres’ de tomar la bebida, con el propósito de ahorrar el azúcar. Yo no podría hablar por las otras naciones que se entregan a esta práctica -rusos, rumanos, iraníes, kurdos y azeríes, por nombrar algunos-. Pero, al menos en el caso de los judios, me imaginaba que había más que una simple razón económica detrás del hábito de tomar el té a través del azúcar.

Sin duda, probablemente fue la necesidad el origen del invento. La Tradición judía reconoce que el propio estilo de beber té puede depender de la propia fortuna. Una canción popular en idish pregunta: ‘¿Cómo bebe el zar su té?’ Y responde, ‘Toma un pan de azúcar, le cava un agujero, vierte dentro agua hirviendo, y mezcla y mezcla.’ No hay sorbidos cautelosos a través de un terroncito para los ricos y poderosos. (¿Las papas del zar? Según la misma canción, se disparaban desde un cañón, a través de una pared de mantequilla, directo a su boca.)

Por otro lado, para los realmente pobres, incluso un terroncito de azúcar propio para chupar era un lujo inalcanzable. ‘Éramos tan pobres,’ mi tía Malka me confesaba, ‘que colgábamos un terrón de azúcar sobre la mesa y lo mirábamos mientras nos bebíamos el té solo.’ Yo no entendí esto como una hipérbola hasta años más tarde, cuando escuché una variante irlandesa que describe al plato de papas ‘y punto’, en la que los comensales comen sus papas sin nada más, mientras miran un trocito de tocino suspendido sobre la mesa.

Pero los judíos tienen un talento especial para hacer una virtud de la necesidad -especialmente cuando, como en este caso, la práctica es una virtud en sí misma-. Al igual que muchas otras formas de cocinar que nacen de la escasez, el sabor supera a las opciones más lujosas. Al decir de Pushkin, ‘El éxtasis es un vaso de té y un trozo de azúcar en la boca.’

Entre judíos, sin embargo, la costumbre parece ser más que una cuestión de gusto. Se convirtió en una parte intrínseca de la vida judía de Europa del Este, una realización de la cultura, como el té de la tarde inglés, o la ceremonia del té japonesa. Tal vez, porque el té era tomado en raros momentos de ocio que proporcionaban la ocasión para la reflexión, tal vez, porque a menudo era una actividad compartida que fomentaba la comunicación, que a menudo sirve como conducto para la transmisión explícita o implícita de los valores judíos.

Hay un sinnúmero de historias y recuerdos de la vida judía en el país de origen o en la América inmigrante que incluyen una escena de tomar el té, en general con referencias a los valores judíos bebidos junto con el té. Así, para Alfred Kazin, en ‘Un caminante en la ciudad’, el consumo de té las noches de los viernes en la cocina de Brownsville de su infancia, fue la ocasión para vivas discusiones sobre el socialismo entre una joven prima y sus amigos, por lo que el niño llegó a la conclusión de que ‘el socialismo debía ser un largo shabat alrededor del samovar.’ Rachel Naomi Remen, en ‘Las bendiciones de mi abuelo’, recuerda beber el té, a la tarde, con su abuelo observante, que aprovechaba la ocasión para transmitirle la tradición judía ignorada por sus padres seculares.

¿Qué lección específica puede transmitir el terrón de azúcar? El difunto Joseph Murphy, ex rector de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, una vez contó una historia maravillosa sobre el consumo de té a través del azúcar con su abuelo materno idish-parlante…Queriendo emular al hombre de más edad, el pequeño Joseph, en el regazo de su abuelo, le pidió un pedacito de azúcar. El abuelo lo invitó a compartir la pieza sujetada entre sus propios dientes, y le advirtió no tomar más de la mitad. De esta manera, decía Murphy, le fue enseñada una lección sobre el consumo de té, una lección sobre besar y una lección de yoysher (equidad), todo al mismo tiempo.»

Así que este Iom Kipur, como judía les digo que no se olviden del azúcar en su DaCha antes del ayuno, como dentista les recomiendo cepillarse los dientes azucarados, y como hija, qué les puedo decir del hombre que era capaz de ponerse hasta un pedacito de sacarina en su propia boca con tal de no arruinarme el mate.

Buen fin de semana para todos.
Que seamos sellados en el Libro de la Vida.

Gabriela – DaCha RS

Fotografía: Sasha Martin

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