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Chaepítie – чаепитие – «Tetear» ;-)

CON UN TERRÓN DE AZÚCAR ENTRE LOS DIENTES.

martes, julio 23rd, 2013

Лесохина Любовь. Горячий чай. Lesohina Lyubov

¡Llegué! Hace frío, ¿no? ¿Quién se toma un té bien caliente? ¡Qué importa que no sean las faifocloc! ¡Vamos, samovares panzones, a calentar la casa se ha dicho!

Acabo de recibir un Darjeeling TGFOP1 Lingia. Primera cosecha (first flush), de carácter suave y sabor dulce, este varietal proviene de una plantación Single State, de 140 años, situada en el Valle dorado de Darjeeling, en la frontera con Nepal, a una altitud de 1848 mts y un área sembrada de 141 hectáreas. Lin-ge en el lenguaje lepcha significa «triángulo de ocho picos de montañas». La finca se encuentra orientada hacia el noroeste, con una hermosa vista a los poderosos Kanchenjunga en el Himalaya. Los arbustos de la plantación son de plantas de té chino, razón por la cual tienen un sabor único a rosas, que difícilmente se pueda encontrar en tés de otras plantaciones. Ya tengo un diseño en mente…

Imagen de hoy: Лесохина Любовь. Горячий чай

INCLUSIÓN Y AMISTAD

sábado, julio 20th, 2013

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¿A quién se le ocurre sacar mesas, manteles, vajilla, delicias, sonrisas, alegría, generosidad y samovar a la calle, para tomar el té? A ellos.

Para festejar, sólo hacen falta ganas. Para compartir, amor. Se puede. MIRÁ

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Chaepítie supercomunitario. En el campo, antes de que caiga el sol. Todos incluidos. Cada uno lleva algo rico y lo comparte con los demás.
Por todo sombrero, un pañuelo en la cabeza.
¡Simplemente, maravilloso!

FELIZ DÍA DEL AMIGO, DACHAS QUERIDAS. COMPARTAN SIEMPRE SU MEJOR TÉ.

MAYAKOVSKI, EL SOL Y EL TÉ EN UNA DACHA (o de cómo dar siempre lo mejor).

viernes, julio 19th, 2013

Anatoly Belkin. Tea is good. Vladimir Mayakovsky
En el aniversario del nacimiento de Vladimir Mayakovsky, uno de los poetas rusos más relevantes de inicios de S. XX e iniciador del «futurismo ruso», comparto con ustedes esta belleza, cuya traducción, por ser mía, puede mejorarse (cualquier aporte es bienvenido).
La obra que elegí para maridar el poema es de Anatoly Belkin y se llama: El té es bueno. Vladimir Mayakovski.

UNA EXTRAORDINARIA AVENTURA ME OCURRIÓ A MÍ, VLADIMIR MAYAKOVSKI, EN UNA DACHA.
(Pushkino, monte Akul, Rumiantsi, 27 verstas por el ferrocarril Iaroslav)

Ciento cuarenta soles llameaban en un ocaso
y en julio se enrollaba el verano;
estaba tan caluroso,
que el calor nadaba en una nube;
y esto ocurrió en el campo.

En la colonia Pushkino arqueaba
el monte Akul
y al pie del monte,
había una aldea
serpenteando en la costra de los techos.
Y tras la aldea
había un hoyo.
Y en ese hoyo, probablemente,
se hundiera siempre el sol,
lenta y confiadamente.
Y al día siguiente,
para inundar de nuevo
el mundo,
el sol saldría, escarlata.

Día tras día,
este hecho
empezó a generar en mí
un gran enojo.
Y volando en tal rabia, un día
en que todas las cosas palidecieron de miedo,
a quemarropas, le grité al sol:
“¡Baja!
¡Basta de tintinear en ese hueco infernal!”
Al sol le grité:
“¡Tú, bulto perezoso!
¡Tú, acariciado por nubes
mientras aquí –invierno y verano-
debo sentarme y dibujar carteles!”
Le grité, de nuevo, al sol:
“¡Un momento!
Escucha, frente dorada,
en vez de ponerte,
¿por qué no bajas a tomar el té
conmigo?”

¡Qué he hecho!
¡Estoy perdido!
Hacia mí, de buen grado,
por sí mismo,
desparramando sus pasos de rayos,
caminó el sol cruzando el campo.
Traté de ocultar mi miedo
y retrocedí.
Ya estaban en el jardín sus ojos.
Ya cruzaba el jardín.
Su masa solar, presionando
las ventanas,
las puertas,
las rendijas,
rodó hacia adentro.

Recuperando el aliento,
habló con voz de bajo:
“Apago el fuego a la fuerza,
por la primera vez desde la creación.
¿Tú me llamaste?
¡Dame té, poeta,
trae, desparrama la mermelada!”

Las lágrimas llenaron mis ojos,
el calor me enloquecía.
Mas, señalando el samovar,
le dije:
“Bueno, ¡siéntate entonces,
luminaria!”

El Diablo impulsó mi insolencia
para gritarle,
confuso.
Me senté en la orillita de un banco,
temiendo lo peor.

Pero, del sol, una extraña luz
fluía
y, olvidando
toda formalidad,
pronto charlaba
con el sol libremente.

De esto
y de aquello, hablé,
de cómo había sido tragado por Rosta (1),
y el sol me dijo:
“Bien,
no te preocupes,
¡mira las cosas con sencillez!
¿Acaso crees tú
que me resulta fácil
brillar?
¡Inténtalo, si puedes!
¡Anda, atrévete!
¡Anda y alumbra a raudales!”

Así charlamos hasta que oscureció;
o sea, hasta lo que antes era la noche.
Pues, ¿qué oscuridad había aquí?

Nos entibiamos mutuamente
y muy pronto,
mostrando amistad, abiertamente,
le palmeé la espalda.
El sol respondió:
“Tú y yo, mi camarada,
hacemos flor de pareja.
Vamos, mi poeta,
amanezcamos
y cantemos
sobre la gris basura del mundo.
Yo verteré mi sol
y tú el tuyo,
en versos.”

Un muro de sombras,
una cárcel de noches,
cayó bajo los ambiguos soles.
Una conmoción de versos y luz:
¡Brilla todo lo que valgas!

Soñoliento y aburrido,
cansado,
quise estirarme
por esa noche.
De pronto,
brillé con todas mis fuerzas
y llegó la mañana.

Brillar siempre,
brillar por todas partes,
hasta el día del Juicio Final,
brillar
¡y al diablo con todo lo demás!
Esa es mi consigna
¡y la del sol!

(1) Ventanas Rosta o Ventanas satíricas Rosta (en ruso: Окна сатиры Роста, Okna satiry Rosta) eran posters de propaganda en stencils, creados por artistas y poetas con el sistema Rosta, bajo la supervisión del Comité Director de Educación Política en 1919-1921. Habiendo heredado las tradiciones de diseño ruso de lubok y rayok, los temas principales eran los acontecimientos políticos de ese momento. Se pegaban en las ventanas, de ahí el nombre.

REMEDIO DE AMOR

jueves, julio 18th, 2013

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Noche en la dacha. Los niños y yo. Puro deleite.
Mientras duermen, abrazados, a mi lado, me tomo el último té de un día ajetreado. No hay pena que no cure una buena taza de té y unos hijos criados con amor y deseo ♥

Obra de hoy: Nikolai Ivanovich Fechin – La señora Fechin y su hija (1925)

QUIERO SER TU SAMOVAR, TU MELENA Y TUS PLUMAS ;-)

miércoles, julio 17th, 2013

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Vamos cerrando esta tarde de invierno, medio otoñal, medio primaveral, con un tríptico de sueños. Tetera caliente para recibir a los que van llegando. ¿Me cuentan con qué secretos agasajan a sus seres queridos a la vuelta del trabajo?

Imagen: Piotr Frolov

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miércoles, julio 17th, 2013

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En la ceremonia rusa del té, no se usan infusores dentro del chainik (tetera), sino este tipo de pequeños coladores para filtrar las hebras, que se cuelgan del pico de la tetera. Me pareció algo complicado tratar de describírselos sin imágenes, así que aquí va un pequeño album en su honor.

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La obra que da inicio a este post: Натюрморт с самоваром – A R Batarshin

TÉ PARA DOS. PABLO Y LA ODA.

viernes, julio 12th, 2013

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, poeta chileno, nació un día como hoy pero de 1904. Activista político, senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, embajador en Francia y Premio Nobel de Literatura en 1971, entre muchas otras cosas que podríamos decir de él, ha sido y es uno de los más grandes poetas del S. XX.
Nosotros lo conocemos como Pablo Neruda. En su honor y para festejar su cumpleaños, compartimos dos acuarelas de un talentoso acuarelista español, Juan Valdivia y la Oda a la pereza, que en un día como hoy, es el maridaje perfecto para nuestro té de la tarde.
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«El Oceáno Pacífico se salía del mapa. No había donde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana»
Pablo Neruda (De Una Casa en la Arena)
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ODA A LA PEREZA

Ayer sentí que la oda
no subía del suelo.
Era hora, debía
por lo menos
mostrar una hoja verde.
Rasqué la tierra: “Sube,
hermana oda
-le dije-
te tengo prometida,
no me tengas miedo,
no voy a triturarte,
oda de cuatro hojas,
oda de cuatro manos,
tomarás té conmigo.
Sube,
te voy a coronar entre las odas,
saldremos juntos, por la orilla
del mar, en bicicleta.
Fue inútil.

Entonces,
en lo alto de los pinos,
la pereza
apareció desnuda,
me llevó deslumbrado
y soñoliento,
me descubrió en la arena
pequeños trozos rotos
de sustancias oceánicas,
maderas, algas, piedras,
plumas de algas marinas.
Busqué sin encontrar
ágatas amarillas.
El mar
llenaba los espacios
desmoronando torres,
invadiendo
las costas de mi patria,
avanzando
sucesivas catástrofes de espuma.
Sola en la arena
abría un rayo
una corola.
Vi cruzar los petreles plateados
y como cruces negras
los cormoranes
clavados en las rocas.
Liberté una abeja
que agonizaba en un velo de araña,
metí una piedrecita
en un bolsillo,
era suave, suavísima
como un pecho de un pájaro,
mientras tanto en la costa,
toda la tarde,
lucharon sol y niebla.
A veces
la niebla se impregnaba
de luz
como un topacio,
otras veces caía
un rayo de sol húmedo
dejando caer gotas amarillas.

En la noche,
pensando en los deberes de mi oda
fugitiva,
me saqué los zapatos
junto al fuego,
resbaló arena de ellos
y pronto fui quedándome
dormido.

Pablo Neruda

CEREMONIA DE TÉ

sábado, julio 6th, 2013

Chaĭnaya tseremoniya - Vladimir Fedotko
Dense una vuelta por la obra de Vladimir Fedotko. Vale la pena. Ésta pieza se llama «Ceremonia de té» (Chaĭnaya tseremoniya) y, personalmente, me parece maravillosa la metáfora de la mujer como samovar, fuente de agua y calor.
Nos dice el autor: cada nación tiene su propia cultura del té; Rusia decidió hervir agua en un samovar para conseguir un «hilo de plata» de 85 a 90°C; el samovar era una cosa muy valiosa en la familia y se heredaba, era tratado con mucho cuidado y respeto y hasta adornado y decorado; toda la familia se reunía alrededor de la mesa y se tomaban entre 6 y 8 rondas de té.

LA RISA, FUEGO INTERIOR

jueves, junio 27th, 2013

té de maconia
Nosotros no vendemos de esto. Pero un poco de humor ruso para calentar una tarde gris, nunca viene mal.
La imagen me hizo acordar tanto de mis dos abuelas, tomando el té, contándose chistes en idish, riéndose juntas a carcajadas, con ese gesto igualito, que no pude evitar subirla. Ojalá lleguemos a viej@s así.

CEREMONIA EN CELESTE Y BLANCO PARA EL LAZO CON NUESTRA TIERRA

jueves, junio 20th, 2013

MARIANA KALACHEVA 3
FELIZ DÍA, BANDERA ARGENTINA! Feliz día a todos los argentinos, nativos o por opción. Comparto con ustedes, los que están allí, del otro lado del monitor, lo mismo mismo que le dediqué a mi hija Maia, el día de ayer, porque hizo su promesa de lealtad a la bandera. Si están en Baires y quieren disfrutar de un servicio de té de DaCha argentinísimo, no duden en ir al Home Hotel Buenos Aires y pedirse un PAMPA INDIA con alguna torta con mucho dulce de leche.
Les dejo dos poemas de dos mujeres, la una, argentina y la otra, rusa, con una gran reverencia celeste y blanca, de la pintora búlgara Mariana Kalacheva.

ENUMERACIÓN DE LA PATRIA (Silvina Ocampo)

Oh, desmedido territorio nuestro,
violentísimo y párvulo. Te muestro
en un infiel espejo: tus paisanos
esplendores, tus campos y veranos
sonoros de relinchos quebradizos,
tus noches y caminos despoblados
y con rebaños de ojos constelados.
Entre bandadas de árboles mestizos,
entre múltiples sombras y basuras,
te muestro con nostalgias asombradas,
con niñas de trece años y maduras,
en las puestas de sol inmoderadas.

Trémulas nervaduras de una hoja,
los ríos te atraviesan de agua roja
sobre el primer cuaderno de paisajes
pintados por la mano de algún niño.
Tienes plantas y pájaros salvajes,
somnolientas mujeres en corpiño
trenzándose los dedos, quietas balsas
para vadear los ríos, cangrejales
devoradores de hombres y animales,
montones de hijas negras y descalzas
cruzando tus desiertos y estaciones.
Tienes provincias y gobernaciones,
poblaciones vacías y distancias
con nombres melancólicos de estancias,
indomables cansancios y mortales
pavorosos pantanos estivales,
médanos, viento norte y osamentas,
fragancias de altamisas y de mentas,
almacenes en todas las esquinas,
grandes patios con muchas ventolinas.
Tienes plantas perversas y sumisas,
con todos los venenos predilectos
de muertes repentinas y precisas,
como en las grandes cajas con insectos
colecciones de arañas venenosas,
palúdicos mosquitos, mariposas.

¡Patria, he nacido tantas veces muda!
Inmóvil como un árbol he dejado
tu cielo iluminarme de rosado.
He visto la llanura tan desnuda
quedándose sin pastos, y sin riegos
tus plantaciones, tus huertas escasas.
He visto disparar caballos ciegos.
En distintas ventanas de tus casas,
deslumbrada y atenta, he conocido
inclementes tormentas. He oído
el grito del chajá y del teruteru,
el grito de la garza y de la iguana,
y llevando la tropa cotidiana,
alto y nocturno, el grito del resero.
He respirado todos tus olores:
frescura de jazmín en los calores
de febrero, magnolias, malvarrosas,
perfumes de tumbergias pegajosas
y el fervoroso olor de los zorrinos.
En quintas con glorietas, y en las noches
vuelo de pájaros azulmarinos,
tu canto de piedritas y de coches
me ha regalado infancias prolongadas,
dulce de leche y siestas desveladas,
verdes y embalsamados picaflores,
la fuente sostenida por amores,
bombas de carnaval anaranjadas
y hamacas paraguayas olvidadas.

Patria, en una plaza, de memoria
he sabido pasajes de tu historia.
Debajo de la mano indicadora
de San Martín, he sido la impostora
de indios en los límpidos ponientes.
He transformado próceres dolientes
con cuidadoso lápiz colorado,
invasiones inglesas he soñado
en azoteas llenas de improviso
aceite hirviendo y pelo suelto. He visto
a la Santa de Lima desatando
los temporales turbios y adorando,
sobre un papel de encaje, corazones
y tocayas con muchas perfecciones.

Patria vacía y grande, indefinida
como un país lejano, interrumpida
por la llegada lenta de los trenes,
con jubilosa espera en los andenes.
Es en la madrugada incierta, cuando
tus gauchos invisibles van cruzando
potreros alambrados y cañadas,
jagüeles y tranqueras atrofiadas,
que tu alma lenta y de madre se queda
con silencios de urraca en la arboleda.
Tu ancho río tiene mimetismos
secretos con tus dulces, con tus cielos
y tus grajeas lilas de bautismos.
Ecuatorial calor y azules hielos
en tus montañas, derramadas piedras
como bandadas de tortugas, hiedras.
Eres esplendorosa y desvalida:
con un frío y ardor que no descansa
desde el Seno de la Última Esperanza
al Pilcomayo de agua bienvenida,
la indolente violencia de tus tierras
se repite con lunas o entre sierras.

LA TIERRA NATAL (Ana Ajmátova)

No la llevamos en oscuros amuletos
ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella.
No perturba nuestro amargo sueño
ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma, no la convertimos
en objeto que se compra o que se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes,
ni siquiera la recordamos.

Sí, para nosotros es tierra en los zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
esa tierra que con la nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella.
Y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.

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