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24 DE MARZO ~ SENTARNOS A LA MISMA MESA

domingo, marzo 24th, 2013

Le soldat boit - Chagall 1911-1912

24 DE MARZO. Quiero hoy, además de gritar íntimamente NUNCA MÁS, hacerle pito catalán a la intolerancia. Ayer, en nuestra página de Facebook, alguien me preguntó si yo era «rusa o judía». Soy argentina, descendiente de rusos, de religión judía -además de montones de otras cosas-.
Cuando era chica, mi madre me decía «defendete de mí, defendete de nosotros» y me explicaba que son los padres quienes tienen la obligación y la responsabilidad de darles a los hijos el permiso para ser diferentes, para ser otros, para enojarse con ellos, discutir con ellos y romper con las viejas catedrales.
En Argentina, el 24 de marzo de 1976, comenzó la más tremenda dictadura de nuestra historia. Una de las razones, a mi modo de ver, fue la intolerancia, por parte de quienes se creían «los padres», de que «los hijos» fueran diferentes, pensaran diferente y quisieran romper con viejas estructuras. Tantísimos desaparecieron y fueron torturados por ser argentinos con ideas “raras” y otros, por ser “rusos” (que es el modo en que en nuestro país se nos llama muchas veces a los judíos), tuvieron que soportar, además, el odio antisemita.
En mi NUNCA MÁS de hoy, aceito mi memoria y también me levanto en contra de la intolerancia, la segregación y la discriminación de cualquier tipo. Estamos rayando Pesaj, la celebración de la libertad. Estoy convencida de que no hay libertad posible sin tolerancia, sin diálogo, sin sentarse a la misma mesa a mirarse los ojos mientras se exponen las ideas, sin hermanarnos en nuestras diferencias que son las que nos hacen únicos, irrepetibles, ricos.
Comparto con ustedes un fragmento de un libro de Nilton Bonder y Bernardo Sorj:

SENTADOS A LA MESA
“Desde el ‘tikun’ (reparación, en hebreo) de Jacob, que retorna a la casa de su abuelo y, por lo tanto, no depende de romper con su cultura y sus raíces originales para encontrar su lugar en el mundo, estamos frente al mismo cliché: no podemos dejar de estar sentados a la misma mesa. Por muy distinta que sea nuestra visión del mundo, por muy particular que sea la tierra prometida de cada uno de nosotros, debemos sentamos juntos a la misma mesa. Ese es el mensaje trascendente de la ‘Hagadá de Pesaj’ (texto leído durante la cena) a través de los cuatro hijos que se sientan a la mesa. Es, en verdad, el pacto original que Dios hace con Abraham: «tú, que abandonaste tu tierra, tu cultura y tu familia, tendrás una prole numerosa como las estrellas del cielo, y ellos no harán contigo lo que hiciste con tus ancestros; serán diferentes y osados, mas no tendrán que abandonar su pasado ni su herencia».
Los cuatro hijos distintos sentados a la mesa de Pesaj son cuatro figuras míticas fundamentales. Pero además de estar sentados juntos, ellos tienen una función, la de preguntar. Quien pregunta, cuestiona. Su calificación de hijos en el judaísmo reside en asumir esa postura de cuestionadores. Esta es, finalmente, la generación de los diferentes. No son los nietos que cuestionan. Cuando eso ocurre, no hay mesa. ¡Sólo los hijos pueden cuestionar y seguir sentados a la mesa! Lo mismo sucede cuando el padre llama a sus hijos a su lecho de muerte para exigirles una única fidelidad: que nunca dejen de hablar uno con el otro. Sentarse a la mesa es el pacto. Sobre la mesa están la historia, las creencias, las utopías y las discordias. Es hora, antes de devorarlas, de cuestionarlas.
¿Y quiénes son estos hijos?
El ‘jajam’, el educado que sabe cuestionar a partir del lenguaje y los vericuetos de la tradición; el ‘tam’, el puro que mira la mesa, no por lo que está servido, sino por las relaciones entre los que están sentados en tomo a ella y preguntan sobre la mesa por la perspectiva de las sillas ocupadas; el ‘sheló iodea lishol’, aquel que no comprende el lenguaje de la tradición y cuya pregunta crucial es «¿cómo preguntar sobre esta mesa?»; y, por último, el ‘rasha’, el provocador que cuestiona como si estuviera afuera de la mesa, formulando preguntas que sacuden sus estructuras.
Esos personajes podrían ser vistos como la propia caricatura de sus exageraciones, tan presentes en la gama de personajes judíos. El jajam que sabe preguntar puede transformarse en el ‘nudnik’, el pedante; los puros o ingenuos, tam, pueden ser los hijos ‘shlimazels y shlemils’, los pobrecitos y los que-casi-tuvieron-éxito; los que no saben preguntar se transformarían en ‘shmendriks y shmeguegues’, los incultos y los confusos; mientras que los provocadores, se tornarían ‘jutspeniks’, los atrevidos y ofensivos. Este es, tal vez, el precio que se paga por las intensas relaciones familiares que fijan los roles de sus hijos, asignándoles un único lugar a la mesa. Sus patologías son, al mismo tiempo, fuente de sufrimiento…”

Para cerrar, los invito, les propongo, los aliento a hacer el ejercicio de sentarnos todos juntos a la mesa, a dialogar para crecer, evolucionar y ser LIBRES. En mi caso, preparo la mesa para compartir mi mejor té.

La obra de hoy: The Soldier Drinks (Le soldat boit), 1911–12. Oil on canvas, 43 × 37 1/4 inches (109.2 × 94.6 cm). Solomon R. Guggenheim Museum, New York Solomon R. Guggenheim Founding Collection 49.1211. © 2013 Artists Rights Society (ARS), New York/ADAGP, Paris.

En el cumpleaños de JUAN GRIS, TAZAS DE TÉ (1914)

sábado, marzo 23rd, 2013

Juan Gris, Las tazas de té - 1914

«El Cubismo no es una forma, sino una estética e incluso un estado de ánimo, por lo que es inevitable que esté conectado con cada manifestación del pensamiento contemporáneo. Es posible inventar una técnica, pero no se puede inventar toda la complejidad de un estado de ánimo.»
José Victoriano González-Pérez conocido como Juan Gris, nació en Madrid el 23 de marzo de 1887.
Su forma de entender la pintura se basaba en la prioridad de la idea frente a la imagen del objeto representado. Partía de lo universal para alcanzar lo singular, así la imagen acababa pareciéndose a la idea, que, para él, era la verdadera realidad. Creía que «la pintura es algo más que la copia fiel de un objeto y es necesario construir o interpretar la realidad». Trabajaba la descomposición espacial, el collage y la técnica del papier collé (formas recortadas en papel y pegadas al lienzo).
Murió el 11 de mayo de 1927, con apenas cuarenta años de edad. A pesar de su temprana muerte, ha sido considerado como uno de los grandes maestros del cubismo, junto a Pablo Picasso y Georges Braque.

BAI MU DAN

jueves, febrero 28th, 2013

También conocido como Pai Mu Tan, Bai Mu Dan o White Peony, esta variedad es una excelente introducción al té blanco. El tono cobre del licor es un placer para la vista y tiene un cuerpo sutil que lo hace muy fácil de beber. Su aroma nos transporta al verdor fresco y a las frutas del bosque. Con un suave final que recuerda a la grosella negra o a la ciruela, Pai Mu Tan es uno de los tés blancos más populares en el mundo por su cálida y delicada dulzura y su riqueza de aromas y sabores.

De la familia de teales Dai Bai, en el Este de Fujian se usa el Dai Bai Fuding y en el Norte, el Dai Bai Zhenghe. La diferencia de rendimiento de estos cultivares nos da dos estilos distintos de este té: el Fuding y el Zhenghe, respectivamente.

Los brotes son marchitados al sol durante un período prolongado -de uno a tres días- y luego apilados entre media y tres horas, para lograr una muy leve oxidación, durante la cual las enzimas de las hojas interactúan con otros componentes de las mismas formando nuevos productos que son los que le dan al Bai Mu Dan su carácter, sabor y aroma tan especiales.

Luego, las hojas se cuecen para secarlas y embalarlas. Todo el proceso se realiza por medio de una manipulación muy delicada y cuidadosa para evitar romper las paredes celulares de las hojas y, así, impedir la oxidación de las mismas, lo cual comprometería la calidad del té.

Muy, muy recomendable, en DaCha, probalo en el precioso SWEET HEATHER.

SWEET HEATHER

sábado, febrero 23rd, 2013

Cuenta una antigua leyenda nórdica, que cuando los dioses hicieron al mundo, miraron las laderas desnudas y estériles, y pensaron en lo agradable que sería cubrirlas con alguna especie de hermoso árbol o flor. Entonces, recurrieron al Roble gigante, el más grande y fuerte de todos los árboles que habían hecho y le preguntaron si estaría dispuesto a ir hasta las colinas desnudas para ayudar a hacerlas más atractivas. Pero el roble les explicó que necesitaba una buena profundidad de suelo para crecer y que las laderas eran demasiado rocosas para que echara raíces.

Así que los dioses dejaron al roble y se volvieron hacia la Madreselva, con su hermosa flor de color amarillo y su bella y dulce fragancia. Preguntaron a la madreselva si le molestaría crecer en las colinas y difundir su belleza y fragancia por las áridas laderas. Pero la madreselva explicó que necesitaba un muro o una cerca o incluso otra planta en la que apoyarse y que, por esa razón, sería casi imposible para ella crecer en las montañas.

Los dioses viraron hacia una de las más dulces y hermosas de todas las flores: la Rosa. Le preguntaron a la rosa si le importaría agraciar las altas tierras escarpadas con su esplendor. Pero la rosa explicó que el viento, la lluvia y el frío en las colinas la destruirían, por lo que no sería capaz de crecer en las ellas.

Decepcionados con el roble, la madreselva y la rosa, los dioses se retiraron. Finalmente, se encontraron con un pequeño arbusto verde, de baja estatura, con flores de pétalos diminutos, algunas púrpura y algunas blancas. Era Heather.

Los dioses le hicieron la misma pregunta que les habían hecho a los demás. «¿Irías a crecer a las laderas de las colinas para hacerlas más hermosas?»

Heather pensó acerca de la pobreza del suelo, el viento y la lluvia y no estaba muy segura de poder hacer un buen trabajo. Pero se volvió hacia los dioses y respondió que si ellos deseaban que lo hiciera, ella lo intentaría.

Los dioses se pusieron muy contentos.

Estaban tan contentos, que decidieron darle a Heather algunos regalos, en recompensa por su buena disposición.

En primer lugar le dieron la fuerza del roble – la corteza de Heather es más fuerte que la de cualquier árbol o arbusto en todo el mundo.

A continuación, le dieron la fragancia de la madreselva – una fragancia que se utiliza con frecuencia por su delicadeza.

Finalmente, le dieron la dulzura de la rosa – tanto es así que Heather es una de las flores favoritas de las abejas.

Y hasta hoy, Heather es conocida, fundamentalmente, por estos tres dones.

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Heather es nativa de las regiones de Irlanda, Escocia, Escandinavia, Rusia y América del Norte. Es conocida por su resistencia y su habilidad para prosperar en zonas de suelos pobres, rocosos y temperaturas extremas. Por esta razón, jugó un importante papel histórico en la vida diaria, ya que fue utilizada como paja para techos, ropa de cama, combustible y fabricación de escobas, canastas, cuerdas y redes de pescadores. En Irlanda y Escocia se utiliza para hacer Heather Ale. También se usa en infusiones, como diurético, antiséptico, astringente y desinfectante, contra resfríos, infecciones urinarias y fortalecimiento de la estructura ósea.

Probá el SWEET HEATHER de Dacha. Té blanco Pai Mu Tan y flores de Heather de Rusia. Ideal para tomarlo solo, en comunión con el propio ser y… secreto? queda muy bien con chocolate blanco!

 

ECHAR LUZ ANTES DE APAGAR LA LUZ

miércoles, febrero 20th, 2013

Vladimir Karnachev - Óleo sobre canvas
Para decir hasta mañana y apagar la luz de esta DaCha en paz, traduzco unos párrafos de una nota de «Seven Cups» acerca de PLAGIO Y COMERCIO ELECTRÓNICO DE TÉ, que me parecen sumamente clarificadores. También subo una obra hermosa de otro pintor ruso, Vladimir Karnachev, parte de mi tarea nocturna mientras comparto con ustedes una chashka chaia de BAJO UN SERENO DAMASCO ♥

«El plagio es un problema enorme para las personas que realizan negocios en línea. Se necesita mucho trabajo duro y cuesta un montón de dinero hacer tu propia investigación, tomar fotos y redactar lo que va en su sitio web. El plagio es lo contrario del trabajo duro. Es un crimen de pereza. La competencia entre los comerciantes de té en línea es feroz, debido a que la inversión inicial para un sitio web básico es muy baja: lanzar un sitio, encontrar un proveedor o dos, no es difícil. Crear un sitio único, por el contrario, requiere un esfuerzo constante.
Desafortunadamente, poner toda esa información a disposición de quien sea quiere decir que los demás pueden copiar… Ese es un riesgo que hemos decidido tomar. Compartimos esta información abiertamente con nuestros clientes (…) Pero cuando vemos a alguien que usa nuestra información que no tiene relación con nosotros, entonces tenemos que poner fin a esa situación, porque están usando esa información de una manera falsa para engañar a la gente. Eso nos debilita a nosotros, los productores, y al modelo de código abierto que estamos tratando de crear(…) Al ser una empresa pequeña, no tenemos mucho tiempo para dedicarnos a ‘peinar’ la red en busca de este tipo de cosas, así que realmente aprecio cuando alguien nos da una mano.
Pero (…) ¿Qué haces cuando ves algo que no está bien? En mi opinión, la honestidad, la integridad y la transparencia son requisitos previos para que nuestra industria florezca en el camino correcto. Cada vez más clientes hacen un gran trabajo de investigación en la web antes de comprar y exigen estándares cada vez más altos de las empresas a las que les compran.
Liderazgo es trabajo. Los líderes en esta industria van a ser los que hagan su propia investigación, cuestionen lo que encuentran y presenten la información más precisa y honesta que puedan sobre sus tés. Ser un líder significa hacer esto constantemente, siempre cuestionando, siempre comunicando, nunca descansando. Estamos, después de todo, creando ARTE, algo que nunca antes había estado disponible, al menos no fuera de China. El turbio marketing, las verdades a medias y el engaño absoluto que caracterizan a gran parte de este sector deberían ser francamente ofensivos para nosotros. Deberían enojarnos lo suficiente como para hablar.
HABLAR ES AL ENGAÑO LO QUE EL SOL ES AL MOHO. HABLAR ELEVA EL ESTÁNDAR Y NOS HACE MEJORES.
Limpiemos la casa.»

ZARANDEANDO EL TÉ EN LA DACHA

domingo, febrero 17th, 2013

Esto es una parte del trabajo que hacemos en DaCha para ofrecerte el mejor té nacional. Té en hebras de excelencia, antes y después de la zaranda y selección a mano (la foto del centro es todo lo que se descarta).

Antes de la selección

Antes de la selección

Descarte

Descarte

Después de la selección: Té de excelencia

Después de la selección: Té de excelencia.

Estas hebras preciosas son parte de la materia prima que usamos para elaborar los blends TIERRA DE COLONOS, MAIA Y KOLYA y PAMPA INDIA.
Hay que poner mucho cuerpo y horas pero bien vale la pena.
Buenas noches, dachas del mundo!

OLD LAVENDER 1932

jueves, enero 17th, 2013


La infancia se recuerda en las tripas; en la “masmédula”. La casa natal, también.

La mía, tiene el sonido del piano de mi madre, cuyos hermosos dedos hacían brotar rondas y arrorrós para que yo bailara; el olor de la guitarra de mi padre, que yo sacaba en secreto de su funda de cuero; la Tristeza en Mi mayor, de Chopin, sonando en el tocadiscos del living, una y otra vez, un domingo a la mañana y el Vals de las flores, como broche de oro; el pasar de páginas de diario y la voz de Dude leyéndole una nota interesante a Zulema; los colores de las casitas de Julio Barragán y las arrugas del jardinero de Enrique Mónaco; la luz del sol, atravesando el ámbar de los vasos en los que tomábamos té; el sabor a queso crema y miel sobre las tostadas en la «cama grande», cada desayuno, mientras mirábamos Plaza Sésamo; el peso y la suavidad del quillango con que me abrigaban por las noches; la mano de Fernando, que a mí me ayudaba a dormir y a él, a desvelarse; la golosía por el bizcochuelo de mandarina de mi bobe, los sábados a la tarde y la espera de alguna fiesta que garantizara un schwarze leicaj y unos knishes de papa; las historias de niñez de ese hombre y esa mujer que nacieron en el verano de 1932, en el mismo barrio… pero se enamoraron muchos años y mucha vida después; el dulzor del bananero del patio de Soler, las flores blancas de las yucas y los jazmines, que un buen día, se comieron las hormigas; la cadencia de la voz de mi madre, contándome un cuento cada anochecer, mientras yo jugaba en la bañera; el aroma a Vieja Lavanda de papá, todas las mañanas del mundo!

Probá nuestro «OLD LAVENDER 1932», té de Ceylon, piel de mandarina tostada, pétalos de rosas y flores de lavanda, ideal para una tarde de té con tostadas y queso crema, scons dulces con manteca y dulce de naranjas o con una buena torta de miel.

15 DE DICIEMBRE ~ DÍA INTERNACIONAL DEL TÉ

sábado, diciembre 15th, 2012

Tea garden
El 15 de diciembre de cada año, en los principales países productores de té, se celebra el Día Internacional del Té, con el fin de atraer la atención de los gobiernos y los ciudadanos sobre los problemas de la venta de té, la relación entre las ventas y la situación de los trabajadores en la producción de té, los pequeños productores y los consumidores.

La decisión de celebrar el Día Internacional del té el 15 de diciembre fue tomada tras un debate repetido en muchas organizaciones internacionales y en los sindicatos durante el Foro Social Mundial, celebrado en 2004 en Bombay (Mumbai, India) y en 2005 en Porto Alegre (Porte Alegre, Brasil). Se determinó celebrar el citado día en aquellos países en que el té es el punto principal de la economía y estos son la India, Sri Lanka, Bangladesh, Nepal, China, Vietnam, Indonesia, Kenya, Malasia , Uganda y Tanzania.

La política de comercio internacional de la Organización Mundial del Comercio, sugiere que los países productores abran sus fronteras al comercio. El Gobierno de la India también ha hecho cambios significativos en la política de comercio de bienes de consumo. Las marcas de los principales corredores de té y los minoristas están utilizando esta oportunidad para hacer frente a las medidas especiales de protección adoptadas por los gobiernos nacionales para proteger los intereses de la industria de la seguridad en la alimentación en sus países.

Los precios del té como bien de consumo (commodity) ha ido disminuyendo constantemente en todos los países, junto con la falta de claridad en la fijación de los precios del té. La industria del té tiene sobreproducción pero este fenómeno es provocado, ya que los ingresos se transfieren a las marcas globales. Las marcas globales obtienen el té a los precios muy bajos y los venden a precios muy altos. La falta de transparencia en la fijación de precios se ve a lo largo de la cadena de valor del té. Hay desintegración y separación a nivel de plantación y consolidación a nivel de marca, y esto amerita una reestructuración a gran escala.

Las intervenciones de los estados y de las agencias internacionales para corregir los desequilibrios, están desapareciendo rápidamente. La concentración de poder en el nivel de ‘marcas’ y ‘supermercados’ ha resultado en lenta desaparición de los mercados del té nacionales. Las marcas y supermercados enfrentan a un país contra otro y una región contra otra. Como consecuencia de todos estos cambios, la vulnerabilidad de los trabajadores del té en todos los países está aumentando y éste también es el caso de los pequeños productores. Pensemos que sólo en la India más de dos millones de personas viven de las actividades relacionadas con la producción, el valor agregado y la comercialización de té.

Este es un problema mundial que requiere una respuesta global, una respuesta unitaria a través de sectores y fronteras. El Día Internacional del Té fue pensado para llamar la atención sobre la extrema vulnerabilidad a la que los trabajadores y pequeños productores del té se enfrentan en este momento y su aspiración colectiva para cambiar la situación.

Los objetivos del Día Internacional del Té:
a) Afirmar los derechos de los trabajadores de las plantaciones de té y de los pequeños productores en el marco del régimen de comercio global emergente.
b) Crear conciencia y capacidad de respuesta entre todos los órganos interesados​​: propietarios, gestión, gobierno, sindicatos y trabajadores, en relación con el comercio y las normas laborales.
c) Identificar las decisiones políticas necesarias a nivel nacional e internacional y abogar por la promulgación de leyes, sistemas institucionales y su aplicación.
d) Proponer mecanismos de regulación, incluidos sistemas de seguimiento transparentes, a ser creados en los distintos niveles.
e) Fortalecer la defensa futura y la campaña a nivel internacional.
f) Facilitar el consumo de té y el fomento del comercio de té.

EL TÉ DE LAS SEIS II

lunes, septiembre 17th, 2012

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Resulta que el otro día, en que publiqué, de manera indiscreta y salvaje, la carta de amor infinito de Bioy a su amante, me quedé tan angustiada por Silvina Ocampo, su esposa, que sentí que para estar en paz conmigo tenía que darle, al menos, el mismo espacio de admiración en esta página. Silvina también tuvo una amante en Alejandra Pizarnik pero esa es otra foto. Es por eso que comparto con ustedes, como desde hace un año, una historia más. Y me guardo el sekret de Alejandra, para la próxima.

CARTA PERDIDA EN UN CAJÓN (Silvina Ocampo)

¿Cuánto tiempo hace que no pienso en otra cosa que en ti, imbécil, que te intercalas entre las líneas del libro que leo, dentro de la música que oigo, en el interior de los objetos que miro? No me parece posible que el revestimiento de mi esqueleto sea igual al tuyo. Sospecho que perteneces a otro planeta, que tu Dios es diferente del mío, que el ángel guardián de tu infancia no se parecía al mío. Como si se tratara de alguien que hubiera entrevisto en la calle, me parece que no nos hemos conocido en la infancia y que aquella época hubiera sido mero sueño. Pensar de la mañana a la noche y de la noche a la mañana en tus ojos, en tu pelo, en tu boca, en tu voz, en esa manera de caminar que tienes, me incapacita para cualquier trabajo. A veces, al oír pronunciar tu nombre mi corazón deja de latir. Imagino las frases que dices, los lugares que frecuentas, los libros que te gustan. En medio de la noche, me despierto con sobresaltos preguntándome: «¿dónde estará esa bestia?» o «¿con quién estará?». A veces, con mis amigos, llevo el diálogo a temas que fatalmente atraen comentarios sobre tu modo de vivir, sobre las particularidades de tu carácter, o bien paso por la puerta de tu casa, perdiendo un tiempo infinito en esperarte para ver a qué horas sales o cómo te has vestido. Ningún amante habrá pensado tanto en su amada como yo en ti. Recuerdo siempre tus manos levemente rojas, y la piel de tus brazos oscura en los pliegues del codo o en el cuello como arena húmeda. «¿Será suciedad?», pienso, esperando con un defecto nuevo lograr la destrucción de tu ser tan despreciable. Podría dibujar tu cara con los ojos cerrados, sin equivocarme en ninguna de sus líneas: me guardaré de hacerlo, pues temo mejorar tus facciones o divinizar la expresión un poco bestial de tus mejillas prominentes. Será una mezquindad de mi parte pero todas mis mezquindades te las debo a ti. Después de nuestra infancia, que transcurrió en un colegio que fue nuestra prisión donde nos veíamos diariamente y dormíamos en el mismo dormitorio, podría enumerar algunos furtivos encuentros: un día en el andén de una estación, otro día en una playa, otro día en un teatro, otro día en la casa de unos amigos. No olvidaré aquel último encuentro, tampoco olvido los otros, pero el último me parece más significativo. Cuando advertí tu presencia en aquella casa perdí por la fracción de un segundo el conocimiento. Tus pies lascivos estaban desnudos. Pretender describir la impresión que me causaron las uñas de tus pies sería como pretender reconstruir el Partenón. Creo, sin embargo, que en la infancia tuve el presentimiento de todo lo que iba a sufrir por ti. Oí a mi madre pronunciar tu nombre cuando entramos a visitar por primera vez aquel colegio donde había en el jardín tantos jacarandás en flor y aquellas dos estatuas sosteniendo globos de luz en cada lado del portón.

—Alba Cristián es hija de una amiga mía. La internarán también aquí. Es de tu edad —dijo mi madre cruelmente.

Sentí un extraño malestar: pensé que era por culpa del colegio donde me iban a internar. Sin embargo, inconscientemente, como esos antiguos anillos que contenían veneno debajo de un camafeo o de una piedra, tu nombre semejante también a un círculo me pareció venenoso. Otro presentimiento me avasalló aquel día del paseo a los lagos de Palermo, cuando nos bajamos a comer la merienda sobre el césped y que Máxima Parisi te enseñó unas tarjetas postales que no quiso enseñarme a mí y que al final de la tarde, comiendo un helado de frambuesa, se recostó sobre tu hombro en el ómnibus que nos llevó de vuelta al colegio. En aquella intimidad que me excluía, sentí la amenaza de otras desventuras. No creas que olvidé la llave misteriosa de tu mesa de luz que hacía sonreír a Máxima Parisi ni aquel atado de cigarrillos americanos que fumaron sin convidarme en la glorieta de los arbustos «cuerpo a tierra», decían ustedes, «como los soldados», en aquel escondite que aborrecí hasta el día de hoy. No creas que olvidé aquel libro pornográfico, ni al gato que bautizaban con un nuevo nombre estrafalario cada día, ¡pobre diablo! Ni aquella suerte de supositorios para perfumar el baño con olor a rosa que disolvían en un vaso de agua y que se pasaban por el pelo y por los brazos. No creas que olvidé la enfermedad de Máxima cuando te colgaste de mi brazo todo el día diciéndome que yo era tu amiga predilecta y que me invitarías a tu casa de campo durante el verano. No me hice ilusiones, además no me inspirabas ninguna simpatía. No aspiré a tu amistad sino para alejarte de otras. En el fondo de mi corazón se retorcía una serpiente semejante a la que hizo que Adán y Eva fueran expulsados del Paraíso.

Sospechaba que mi vida sería una sucesión de fracasos y de abominaciones. No hay niño desdichado que después sea feliz: adulto podrá ilusionarse en algún momento, pero es un error creer que el destino pueda cambiarlo. Podrá tener vocación por la dicha o por la desdicha, por la virtud o por la infamia, por el amor o por el odio. El hombre lleva su cruz desde el principio; hay cruces de madera tosca, de aluminio, de cobre, de plata o de oro, pero todas son cruces. Bien sabes cuál es la mía, pero tal vez no sepas cuál es la tuya, pues no todos los seres son lúcidos, ni capaces de leer el destino en los signos que diariamente ven a su alrededor. ¿Será cruel advertírtelo? Me tiene sin cuidado. No siento por ti la menor lástima. Me molesta que alguien aún crea que somos amigas de infancia. No falta quien me pregunte con tono almibarado y escandalizado a la vez:

—¿No tenés amigos de infancia?

Yo les respondo:

—No me casé con los amigos de infancia. Si ahora tengo poco discernimiento para elegirlos, ¿cómo habrán sido las equivocaciones de mis primeros años? Las amistades de infancia son erróneas, y no se puede ser fiel al error indefinidamente.

Aquel día, en casa de nuestros amigos, al verte, una trémula nube envolvió mi nuca, mi cuerpo se cubrió de escalofríos. Tomé un libro que estaba sobre la mesa y comencé a hojearlo ávidamente: sólo después advertí que el libro se titulaba «Balance de las ventas de animales bovinos». La dueña de casa me ofreció una naranjada horrible «de alfileres» como denominábamos toda bebida que llevaba soda. Bebí de un trago para ocultar el temblor de mi mano; felizmente hacía calor y salí al balcón con el pretexto de tomar fresco y de mirar la vista que abarcaba el Río de la Plata a lo lejos y en primer plano el Monumento de los Españoles que divisado de ese ángulo parecía, más que nunca, un gigantesco postre de bodas o de primera comunión. Sonreí a tu cara de bestia, sonreíste. Vivir así no era vivir. Sentí vértigos, náuseas. Desde aquel séptimo piso contemplé la calle pensando cómo sería mi caída, si me tiraba de esa altura. Un puesto de fruta, cajones de basura al pie de la casa (estarían en huelga los basureros) y una baranda alta me molestaban para imaginar la escena. Traté de concentrarme en esa idea llena de dificultades para serenarme. Tenía el poder, que ahora no tengo, para desdoblarme: conversé con la gente que me rodeó, reí, miré a todos lados con los ojos clavados en el fondo de aquel precipicio con cajones de basura, con frutas y con hombres que pasaban. Todo era menos inmundo que tu cara. «De cuántas músicas, de cuántas personas, de cuántos libros tengo que renegar para no compartir mis gustos contigo», pensé al mirar hacia el interior del departamento a través del vidrio de la ventana. «Quiero mi soledad, la quiero con mil caras impersonales.» Te miré y a través del vidrio que reverberaba tembló tu cara de piraña como en el fondo del agua. Pensé en quien no puedo pensar por causa tuya y en el sortilegio que me envolvía. Estás en mí como esas figuras que ocultan otras más importantes en los cuadros. Un experto puede borrar la figura superpuesta pero ¿dónde está el experto? Necesito dar una explicación a mis actos. Después de haberte saludado con una inusitada amabilidad te invité a tomar té. Aceptaste. Te dije que en mi casa había pintores. Sugeriste felizmente que sería mejor ir a tu casa. En el momento en que prepares el té y lo dejes sobre la mesa fingiré un desmayo. Irás a buscar un vaso de agua que yo te pediré, entonces echaré en la tetera el veneno que traigo en mi cartera. Servirás el té después de un rato. Yo no tomaré el mío, pensé como delirando mientras me hablabas.

No cumplí mi proyecto. Era infantil. Me pareció más atinado usar ese procedimiento para matar a L. Deseché la idea porque la muerte no me pareció un castigo.

—¿Qué te pasa? —me decía L.

La conversación recaía sobre ti. Le decía de ti las peores cosas que pueden decirse de un ser humano. Hablé de suciedad, de mentiras, de deslealtad, de vulgaridad, de pornografía. Inventé cosas atroces que resultaron maravillosas. No sospeché que por primera vez L. se interesaba en tu personalidad, en tu vida, en tu manera de sentir y que todo había nacido de mi imaginación.

Durante el tiempo que dediqué a pensar sólo en ti, a hablar de tus horribles vestimentas, de tu malignidad, de tu falta de asco para meterte en la boca dinero sucio y cosas que encontrabas en el suelo, con mi complicidad, con mis sospechas, con mi odio construí para ustedes ese edificio de amor tan complicado donde viven alejados de mí por mi culpa. Quiero que sepas que debes tu felicidad al ser que más te desdeña y aborrece en el mundo. Una vez que ese ser que te adorna con su envidia y te embellece con su odio desaparezca, tu dicha concluirá con mi vida y la terminación de esta carta. Entonces te internarás en un jardín semejante al del colegio que era nuestra prisión, un jardín engañoso, cuidado por dos estatuas, que tienen dos globos de luz en las manos, para alumbrar tu soledad inextinguible.

Imagen: Старый сад – Natalia Syuzev

EL TÉ DE LAS SEIS

sábado, septiembre 15th, 2012
1- Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares (15/9/1914-8/3/1999)

Elena Garro

Elena Garro (11/12/1920-22/8/1998)

No sé si está bien que, para recordar a Bioy, quien hoy cumpliría 98 años, adjunte una de las cartas de amor, de la abundante correspondencia amorosa que mantuvo con Elena Garro a lo largo de dos décadas (1949-1969). No lo hago por morbo, ni por chismosa -debo admitir que leer correspondencia ajena es algo que siento vuelve a la gente indigna, aunque esa correspondencia haya pasado a ser de dominio público-, sino porque la carta en cuestión, además de conmoverme hasta las lágrimas, me abrió la puerta a una nueva comprensión de Bioy (que ya estaba casado con Silvina Ocampo) y a la esencia femenina de Elena. Mucho sabemos de él.
De ella sólo diré que fue una escritora mexicana, que se casó con Octavio Paz, que sufrió la sombra de su genialidad -aunque no se privó de decirle sin cuidar las palabras todo lo que pensaba de él y de su obra-, tuvo una hija con él y se divorció de él en 1959; en 1968, un año antes de terminar su relación con Bioy y a raíz de la masacre de Tlatelolco, la prensa manipuló sus declaraciones en las que ella supuestamente declaraba contra varios intelectuales mexicanos a los que responsabilizó de instigar a los estudiantes, para luego abandonarlos a su suerte; dichas acusaciones le ocasionaron el rechazo de la comunidad intelectual mexicana, lo que la llevó al exilio durante veinte años; su obra toca temas como la marginación de la mujer, la libertad femenina y la libertad política y su figura literaria ha llegado a ser un símbolo libertario.

No los distraigo más en esto y vamos con la carta:

carta de amor y té
«Mi querida, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y no volví a Víctor Hugo[1]. Sin embargo, te quiero más que a nadie… Desconsolado canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte[2]. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con adoración a Helena[3]. Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz. Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo.
Te digo esto y en seguida me asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo sino también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía; de todos modos cuando abra el sobre de tu carta (espero, por favor que me escribas) temblaré un poco. Ojalá que no me escribas diciéndome que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia… Tú sabes que hay muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos… recuerda cómo nos hemos divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te enojes demasiado…
Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades».

[1]Victor Hugo 199, domicilio en París de la familia Paz-Garro.
[2]Bioy llevaba en su equipaje dos recuerdos: un zapato y el pasaporte de Elena. (Después, Garro le pediría que le devolviera el pasaporte).
[3]Helena Paz, hija de la escritora con Octavio.

Espero que esto los anime a ahondar en las vidas de los cuatro escritores en cuestión, releerlos o leerlos por primera vez teniendo en cuenta las fechas de sus obras y vinculándolas con sus estados de ánimo y sus contingencias. Después de todo, la obra de un artista y el modo en que cambia en algo al mundo, es la expresión de lo que pasa en su alma.

Tomemos el té de las seis con ellos. Salud!

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