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Categoria: Té y salud | Fecha: septiembre 13th, 2013 | Publicado por Gabriela Carina Chromoy

SOBRE TÉ Y ENFERMEDADES INFLAMATORIAS (parte I)

Tea in the Hospital Ward - Stanley Spencer, 1932

Como siempre que uno se ve afectado por alguna patología y, fundamentalmente, ahora que vivimos en la era internet, tratamos de buscar -y encontrar- información clara, de buenas fuentes, para comprender a fondo los mecanismos de nuestras enfermedades y la mejor forma de colaborar para curarlas o, al menos, mejorarlas.

Por supuesto que mucho de lo que circula en internet no proviene de fuentes confiables pero sabiendo cómo y dónde buscar, encontramos data, como cuando nos pasábamos horas en la biblioteca de la Facultad. Eso, sumado a todos los conocimientos que vamos adquiriendo a lo largo de los años, los aportes de otras personas que sufren de los mismos males y el sentido común, pueden servir para ayudarnos a reconocer qué cosas son las que nos mejoran y cuáles nos empeoran.

Hay todo un abanico de enfermedades inflamatorias y autoinmunes, en las que la dieta cumple un rol fundamental a la hora de mejorar nuestra calidad de vida. Y no hablo de dieta para adelgazar, sino del conocimiento profundo de los alimentos y bebidas que pueden afectarnos de manera positiva o negativa a la hora de un “brote o llamarada” (en inglés, flare). Esto no quiere decir que sólo controlando lo que ingerimos nos vamos a curar –en ciertos casos sí-, sino que vamos a restar o limitar un factor desencadenante muy importante. Quienes sufren de alergias o celiaquía o diabetes o toda una larga serie de oes, saben a qué me refiero y a la frustración que se siente cuando simplemente nos dan medicación pero casi ninguna educación acerca de los cambios en nuestros estilos de vida que podrían ayudarnos a minimizar algunos síntomas.

El objetivo de esta nota no es analizar cada alimento o bebida que pueda gatillar un brote. Desde este espacio, que es nuestra dacha, nos limitaremos al té y otras hierbas. Siempre hablamos de las bondades y propiedades benéficas para la salud que tiene el té y, en verdad, es una infusión llena de las mejores cualidades, lo cual la hace tan universal y la segunda bebida más tomada después del agua. Pero como decía días atrás, no todo es para todos, no todo nos hace bien a todos y creo que es importante escribir una nota con una actitud inclusiva.

Vamos a analizar el consumo de té desde dos puntos de vista distintos, que lamentablemente en algunos casos se conjugan:

a) su acidez, que afecta principalmente a aquéllas personas que tienen problemas en las vías urinarias bajas, como cistitis intersticial que es un trastorno neuroinflamatorio crónico que afecta a la vejiga (una relación complicada entre los nervios de la vejiga, el sistema inmunitario y el tracto urinario) y que puede confundirse con infecciones bacterianas, endometriosis, tumores malignos, herpes, cálculos renales y otras.

b) su cantidad de oxalatos, que afectan principalmente a aquellas personas que sufren procesos inflamatorios y/o autoimunes de distintos grados de evolución, que comprometen sus mucosas (gástrica, intestinal, colónica, vesical, uretral, etc) y algunas glándulas como la tiroides; también se relacionan con autismo, asma, vulvodinia, litiasis renal, uretritis, disfunción de piso pélvico, fibromialgia y otras.

VEJIGA Y ACIDEZ
Muchas personas, en su mayoría mujeres, dicen que sus síntomas disminuyen cuando siguen una dieta alcalinizante, antiinflamatoria, evitando ciertos alimentos desencadenantes y eliminando el alcohol y el tabaco. El tabaco es un disparador especialmente común, porque contrae los vasos sanguíneos de la vejiga, lo que hace que sea más difícil para nuestros cuerpos limpiar naturalmente sustancias inflamatorias de los tejidos de ésta.

Estos son los alimentos que la Red de Cistitis Intersticial llama «Los Peores» debido a que desencadenan la mayor parte de síntomas en la mayoría de las personas. Estos delincuentes son un buen lugar para empezar:

Café.
El ácido y la cafeína en el café pueden causar intensa irritación y malestar. Asimismo, la cafeína actúa como diurético. Por lo tanto la reducción del consumo de café es un acierto (en realidad, la mayoría de las mujeres con problemas de vejiga deben eliminar por completo el café para sentir un mayor alivio).

Té.
Los tés rojos (negros) e incluso los tés descafeinados, pueden provocar la inflamación de la vejiga. Los tés azules, verdes, blancos y algunos tés de hierbas también tienden a tener un cierto nivel de acidez. La mayoría de las mujeres (comprensiblemente) no quieren renunciar a sus deliciosas bebidas calientes, por lo que se sugiere agua caliente con jengibre rallado y miel como sustituto, infusión de Rooibos, infusión de manzanilla o infusión de menta que contenga sólo hojas de menta o hierbabuena (en estos dos últimos casos, evitar las infusiones que combinan mazanilla o menta con otras hierbas -excepto anís, semillas de hinojo, salvia, extracto natural de vainilla- o con té rojo, negro o verde). De más está decirles que ya estoy pensando en blends que sirvan para ayudar a aliviar estos sufrimientos.

Arándano rojo y otros jugos de frutas ácidas.
El jugo de arándano, a menudo, se recomienda para el tratamiento de infecciones del tracto urinario, pero una vejiga irritable por razones no bacterianas es muy afectada por la acidez en el jugo de arándano. Así que si no se puede evitar los jugos, hay que probar con variedades menos ácidas como la pera, manzana y arándanos azules. De todas las frutas, la pera es la apuesta más segura.

Gaseosas.
Estas bebidas aportan cuatro principales irritantes de la vejiga en una lata: carbonatación ácida, ácidos cítrico y fosfórico, cafeína y edulcorantes artificiales.

Agreguemos algunos items más a esta lista de «delincuentes», que también tienen el potencial de desencadenar síntomas:

Colorantes alimentarios artificiales, aromatizantes, saborizantes y edulcorantes artificiales.
Los colorantes alimentarios son sorprendentemente comunes en los alimentos (incluso algunos suplementos para la salud), así como la mayoría de los multivitamínicos y medicamentos recetados. Los aromatizantes y saborizantes artificiales se encuentran en montones de alimentos, incluidas muchas marcas de tés en saquitos y blends de tés en hebras. De los edulcorantes, si podemos evitarlos, mejor pero si no, tengamos en cuenta los prohibidos, que son acesulfame K, aspartamo, nutrasweet, sacarina, sweet-n-low (aparentemente la stevia, que es un edulcorante natural, también acidifica la orina).
Alimentos que promueven la fermentación. El azúcar, el vinagre y otros son altamente fermentativos.

Gluten.
Esta proteína problemática, promotora de inflamación, se encuentra de forma natural en los cereales y también en muchos otros alimentos a través de los aditivos y contaminantes. Es importante limitar su consumo durante los brotes.

Especias, condimentos y aditivos.
Ácido ascórbico, pimientas en general, clavo de olor, canela, curry, mostaza. En menor medida, canela en polvo, ácido cítrico.

Una vez que sabemos qué alimentos desencadenan síntomas desagradables, podemos empezar a hacer una lista de aquéllos que actúan como gatillo en nosotros. Cuando nos sentimos mejor -lo cual sucede, en general, en una semana o dos de dieta- podemos empezar a evaluar qué cantidad de cada alimento puede procesar cómodamente nuestro cuerpo. ¡Ánimo!: incluso la dieta más estricta no tiene por qué durar para siempre. Pero el cambio a una dieta más alcalinizante tiene enormes beneficios para la salud general del cuerpo y hay un montón de personas con Cistitis Intersticial y vejigas irritables que pueden disfrutar de todos los alimentos arriba mencionados en cantidades más pequeñas.

TIROIDES
Son varios los comentarios que fueron llegando de amigos dacheros preocupados por este tópico.

El té negro, verde y blanco se encuentran entre las mejores fuentes de antioxidantes en la dieta moderna y tradicional. Los fitoquímicos encontrados en las hojas de Camellia sinensis son altamente beneficiosos para la salud previniendo la aparición de condiciones tan diversas como la enfermedad de Alzheimer y numerosas formas de cáncer. Sin embargo, la ironía es que esos mismos destructores de radicales libres que protegen al cuerpo también puede afectar negativamente la función tiroidea.

Algunos expertos en salud natural afirman que el contenido natural de fluoruros en el té puede dañar la tiroides. Es más, el exceso de fluoruro proveniente de cualquier fuente puede producir disfunción tiroidea. Esto es lo suficientemente relevante como para preguntar a los fabricantes de té si les hacen a sus productos pruebas de contenido de aluminio, flúor y otros minerales potencialmente tóxicos. A pesar de que esto último es de importancia, estos elementos no deseables no son predominantemente responsables de la actividad anti-tiroidea en el té.

La última investigación, publicada en agosto de 2010, en el journal de Toxicología Humana y Experimental, describe cómo el té verde tiene mayor potencial anti-tiroideo que el té negro, debido a su mayor contenido de flavonoides polifenólicos. Esta conclusión es corroborada en otros exámenes recientes que apuntan, principalmente, a seleccionar antioxidantes conocidos como catequinas como los mayores responsables. En experimentación con animales, la ingesta de niveles mayores de té verde generalmente provoca la disfunción de la glándula tiroides debido a la disminución de los niveles séricos de hormonas tiroideas (T3 y T4), reducción de la actividad de la peroxidasa tiroidea e, incluso, lesiones de la tiroides.

Antes de sacar conclusiones apresuradas y, teniendo en cuenta que, a pesar de que este tipo de estudios realizados en animales no arrojan los mismos resultados cuando se hacen las pruebas en humanos, si se consumen grandes cantidades de té o de otros alimentos que puedan afectar a la tiroides (verduras crucíferas, maníes y otras frutas secas, soja, etc), habría que estudiar cómo está la función tiroidea, especialmente si se presentan síntomas asociados con hipotiroidismo. Esto permitirá a los pacientes y a sus equipos médicos hacer los ajustes necesarios en la dieta.

La obra de hoy: Tea in the Hospital Ward – Stanley Spencer, 1932

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